14 jun. 2013

Dimitri






Después de tantos años suspendido en el tiempo, solo le mueve un deseo, finalizar con la rutina diaria que le llena de hastío... dormir, dormir, dormir, olvidar una existencia que ha dejado de ser fascinante, convertida ya en una mueca de lo que fue. Ahora nada le une a aquel lugar, al país donde sin freno ha sido testigo de lo bueno y lo malo de este mundo. Su ciclo esta cerrado.

Dimitri sacude el polvo de sus anticuados ropajes, suspira y después de colocar los pliegues de su capa se dirige hacia la salida con pasos vacilantes, se cuida de no resbalar en las desgastadas piedras, ya que la humedad hace casi imposible dar dos pasos en equilibrio.

La noche es oscura, entre las largas ramas de los árboles la luna agazapada se esconde. Los pequeños habitantes del bosque huyen de la sombra, su instinto les avisa del paso del depredador. Él se detiene frente a un inmenso árbol, el leve roce de algo que baja entre las ramas le alerta, la ardilla asoma su hocico tímidamente, mira a un lado y a otro. Dimitri mimetizado con el resto del bosque solo es una sombra más y para cuando el roedor presiente el peligro es demasiado tarde. Unas manos largas, huesudas, le están asfixiando y unos colmillos afilados se han clavado en su garganta. La sombra se limpia los labios con un ajado pañuelo de fino encaje, aquel que hace tiempo sustrajo....

¿Qué le indujo a quedarse con el pañuelo de aquella niña?. No tenía respuesta... Tantas jóvenes a las que había esclavizado y una, solo una, se había librado de su maldición ¿Por qué? No podría explicarlo, solo sabía que un sentimiento diferente y que iba mas allá de su instinto se había instalado en él aquella noche que la conoció. Y se hizo adicto a admirarla mientras dormía y sin darse cuenta, fue su custodio durante décadas, vigilando sus sueños, guardándola de los de su especie.

Cuando Dimitri se dio cuenta que ya nunca mas podría ser lo que siempre fue, dejo de buscar bellas gargantas y desistió de beber la sangre que ya no le producía placer alguno y empezó a alimentarse de roedores. Entretanto su amada se fue haciendo adulta, más tarde conoció como envejecía, mientras él, malditamente eterno continuaba congelado en el tiempo.

Una noche ella ya no estaba, la cama vacía, en el aire olor a cera de velas, a flores y a rezos y lloró o quiso llorar pero no pudo y se dio cuenta de que su existencia sin fin, era ya absolutamente imposible.

Antes de marcharse de la habitación para siempre, se enjugó los ojos vacíos de lagrimas con el pañuelo que le había robado sesenta años atrás...

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Lentamente Dimitri regresa al castillo después de su ultima caza, tiene que preparar su final, nadie puede ayudarle, solo el podrá hacerlo.

Una estaca afilada será su segunda opción y la deja clavada en la puerta, a la altura de su corazón, por si fuera necesario. La luz del amanecer se filtra por las rendijas de la vieja madera, Dimitri sentado espera y espera. Ahora la claridad entra a borbotones llenando cada rincón de la sala, entonces el vampiro se levanta y abre el portón, el sol le ciega y en ese momento el pánico lo atrapa, siente miedo a la luz, a lo desconocido, al definitivo final, e instintivamente se echa hacía atrás y cierra de golpe. Su capa ha quedado enganchada, aturdido intenta deshacerse de ella, forcejea y resbala. En un instante la estaca ha atravesado su corazón.

Gotas de sangre van cayendo al suelo mezcladas con jirones de lamentos, de recuerdos de batallas y de amoríos sin fin... Sonríe incrédulo y haciendo un ultimo esfuerzo se seca una lágrima que le resbala por la mejilla con un curioso arrugado pañuelo de seda.

3 comentarios:

  1. Hola, Marisa,
    excelente relato; pero el lector ya sabe que es un vampiro, porque ofreces las pistas. Pero, al principio, al iniciar el relato, no queda claro si es un vampiro o un hombre lobo. Tienes que ir al grano desde el principio. Divagar consiste en perder el tiempo.
    Abrazos, H.

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  2. Querido: Yo no he tratado de ocultar en ningún momento nada. El hecho de q. al final diga "El vampiro se levanta"...etc. no es para aclarar nada, solo para no repetirme con lo de "la sombra". Por otro lado un hombre lobo no lleva capas anticuadas...Digo yo...
    Marisa

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  3. Querida Marisa:
    Tienes toda la razón. Ni quito ni pongo comas, y admito que he me equivocado. Pero si has visto la película de Benicio del Toro, tanto un vampiro como un hombre lobo es libre de vestir como desee, o de desnudarse si así le place. Pero disiento en que "la sombra" es un nombramiento general. Hay sombras desde cruces a farolas. Y los vampiros, al no tener reflejo en los espejos, según el cine actual, carecen hasta de sombra. Pero creo que la sombra debería ser autónoma, como en la versión de Drácula de Coppola.
    Abrazos, H, y sigue deleitándonos con tu arte.

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