6 dic. 2013

                   “Luces y Sombras”             

    El telón cae y los aplausos del público llenan el teatro. Sube y vuelve a bajar. Ella, continúa tendida en el suelo. Su precioso vestido blanco  poco a poco se  tiñe de rojo y un hilillo de sangre resbala por su corpiño hasta caer al suelo.
    Desde algún lugar escondido entre bambalinas alguien susurra  “Se han pasado con la sangre ¿Cómo limpio yo el vestido para mañana?”
    El telón comienza a subir de nuevo, en ese momento es cuando vuelvo a la realidad.  No sé como, el chico encargado del mismo entiende lo que mis manos dicen y consigo que baje el cortinón.  Me acerco a Yolanda  y la tomo el pulso, es muy leve. En ese momento el punto de luz que nos ilumina se apaga y solo las candilejas dejan entrever lo que es el final de la obra y  el comienzo de una verdadera tragedia.

    Los ensayos habían comenzado tres semanas antes. Estrenábamos a las afueras de Madrid, en uno de tantos teatros que los ayuntamientos patrocinan. Habíamos decidido que haríamos una especie de pre-estreno al aire libre aprovechando un parque que hay en la zona. Queríamos experimentar como el publico de la calle reacciona ante una obra clásica, con una puesta en escena vanguardista.
    Todo fue bien, excepto el calor. En agosto el sol despedía fuego y nos achicharraba a todos por igual. La pobre Yolanda era la que mas lo sufría, con aquel vestido largo, lleno de puntillas y enaguas, tela sobre tela...Aunque se resguardaba debajo de la sombrilla que llevaba, enseguida sus mejillas se convirtieron en dos amapolas y estaba bonita, si, muy bonita a pesar del calor.
    La gente agradecida por la puesta en escena gratis, fue generosa en sus aplausos y esto nos hizo olvidar cualquier contrariedad, que siempre las hay, y satisfechos nos fuimos todos a celebrar lo que parecía iba a ser un éxito seguro. Todos no, Yolanda rehusó venir una vez más...Se marchó con su nuevo novio, el cual no la dejaba ni a sol ni a sombra desde que apareció en su existencia.
    Entre los componentes de la obra, teníamos un pacto, cada cual vivía su vida siempre y cuando no afectara a la marcha del trabajo y aunque el carácter de Yolanda había cambiado bastante desde que conoció a aquel hombre, ella, seguía siendo una buena profesional. Claro que había dejado de ser la divertida compañera de antes, la chica estupenda que me enamoró en el taller de teatro donde nos conocimos años atrás. No había nada que reprochar, si acaso, como podía haberse enamorado de aquel tipo que parecía haber aterrizado de Marte. Pero ese ya no era mi problema. A veces me hubiera gustado averiguar si sabía lo nuestro, si era un hombre celoso. Si la quería tanto como yo la quise...Nunca me atreví a preguntarle nada y el tiempo fue pasando.
    Durante los ensayos en Madrid, tuvimos momentos en los que nos acercamos bastante, casi parecía que habíamos conectado de nuevo, juraría que la chispa había resurgido entre ambos, pero cuando llegaba él, espiando cada movimiento que hacíamos, de nuevo la conexión se cortaba y una especie de frío gélido se instalaba entre nosotros.
     Recuerdo como me sorprendió el día que ensayamos la muerte teatral de Yolanda, el interés que aquel hombre tenía en saber como funcionaba la pistola de fogueo. Entonces me pareció más locuaz que nunca, hasta se enfrascó en una larga conversación con el chico de atrezo que preparaba el arma  y le comentó que quería  dedicarse a los efectos especiales en el mundo audio visual...
    ¿Por qué pienso en  todo esto?  ¿Por qué tengo en mi mente fotografiado aquel  momento? Allí sigue el recuerdo congelado en mi memoria y aún puedo ver su mano acariciando la pistola, probándola...

    Ahora el revólver está en el suelo, allí cae cada función, donde  yo lo arrojo después de disparar a Yolanda.
    Ella sigue en el escenario, hace poco que  dejó de respirar.
    Los murmullos del público han ido desapareciendo. Nadie se ha dado cuenta de la tragedia. El teatro debe estar vacío, solo quedamos los de dentro.

    Alguno de nosotros avisará al Samur y a la policía... Seguro que alguien recoge la pistola después de colocarse unos guantes de látex. Es la rutina de la científica. Se dirigirá  hacia a mí...¿Podríamos  hablar con vd?- dirá.
    Y de nuevo un invisible telón caerá  sobre todos nosotros...

M. Pino 2013
























3 comentarios:

  1. ¡Excelente! Pero, Marisa, "publico" no: "público", y lo de la comparación de la piel de la finada cuando estaba viva, como la amapola, buscaría una metáfora más original, más mineral, porque es un lugar común. Tampoco se trata de escribir un manual de jardinería. ¿Te has basado en la muerte de Brandon Lee? murió igual, según la leyenda.
    Abrazos, H.

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  2. Vale, gracias por los avisos -consejos-
    Lo de la amapola es solo porque a veces me salen "los años" sin darme cuenta...Felipe, en mis tiempos se decian esas cosas...
    No, no me he inspirado en nadie ¿Quien era Brandon?

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