7 feb. 2013

NIHAO

Y regresó  De su particular infierno, al que nunca había ido y al que nadie le había llevado.

Y sintió de nuevo que quizás sí merecía la pena.

Las palabras se conjuraban para formar, no frases o narraciones, sino ilusiones.

Ilusiones de personas a las que estimaba y con las que merecía la pena compartir retazos de felicidad ( o de presunta felicidad, tanto da).

¡ Y además habían mantenido con vida a su criatura !

No pudo evitar, a pesar de no ser original, la tentación de pensar: "cuando regresé Zarigüeya todavía estaba ahí".

Por mucho tiempo. Gracias.

5 comentarios:

  1. ¡Ufffffff!
    Me parece mentira que una especie de rata rara , tenga el poder de atarnos con hilos tan invisibles como fuertes.
    Marisa

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  2. Bienvenido, Antonio, ¡ya era hora! Es hora, también, de que cojas los remos de este blog, que te pertenece. Te paso la Excalibur, es tuya.
    Abrazos, H.

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  3. ¡Qué alegría saber de ti!
    El relato corto, pero esencial. Me ha gustado.
    Un abrazo
    Juana

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  4. Hola Antonio. Qué bien que regreses. Echábamos en falta al timonel.

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