6 may 2010

Cat Stevens - Father And Son (Subtitulada)

My Sweet Lord

Me encanta este vídeo.

ÁFRICA


Fue en Zimbawe rodando “Quatermain”. Éramos un equipo de unas sesenta personas de diversas nacionalidades: Ingleses, italianos, surafricanos, zimbanwueses y dos españoles, el ayudante de dirección y yo misma, ayudante de F.X. Pero entre los americanos y surafricanos había una ¿subnacionalidad? Eran los judíos, entre los que estaban los productores y con ellos teníamos la gota que colmaba el vaso.
Los blancos despreciaban a los negros, los negros a los blancos y los judíos a ambos. Solo la minoría europea pasábamos de esto y nos llevábamos bien con todos, aunque de algún modo también caíamos en el llamado “aparthaid” agrupándonos entre nosotros.
Aun así el trabajo iba bien y en nuestro departamento teníamos buen rollo, aunque muy a pesar mío nunca conseguí confraternizar con nuestros ayudantes negros fuera de las horas de trabajo. Se esfumaban ...no se si tenían prohibido estar con nosotros o simplemente no les interesaba contaminarse con aquella pandilla de trabajadores incansables.
Un fin de semana que teníamos libre mi marido y yo, decidimos visitar uno de los parques naturales que rodean a Las cataratas Victoria, nos acompañaban un matrimonio que trabajaba con nosotros y su pequeña hija ( blancos surafricanos) Al mediodía decidimos comer algo y paramos en una especie de chiringuito. El día era precioso, la niña se fue a unos columpios y pronto estaba jugando con otra algo mas pequeña. Aquella otra niñita llevaba un hermoso vestido blanco y un gran sombrero blanco también. Y era negra...
Al poco empecé a notar un ligero nerviosismo en nuestros amigos que no conseguían disimular. El padre lanzaba continuas miradas a su hija y le era imposible centrarse en la conversación. Unas mesas mas allá los otros padres (negros) también estaban intranquilos. Unos segundos mas tarde y casi al mismo tiempo ambos llamaron a sus hijas. Ellas siguieron jugando, la conversación había cesado y la tensión iba en aumento. La escena, a pesar de todo era tan bonita que saqué mi cámara y justo un instante antes de que ambos padres se lanzaran a rescatar a sus hijas del invisible peligro, pude tirar una foto de las niñas cogidas de la mano. Esas niñas que no sabían nada sobre el color de su piel y que solo jugaban ajenas a la estupidez de los adultos .Aún guardo la foto.

4 may 2010

45 y el lingote de oro

-¿Cómo lo ha encontrado?
-Muy sencillo, soy 45.
-Los ladrones lo dejaron en el lugar más obvio, dónde nadie buscva porque está a la vista. Además, coleccionan Playboys. Creyeron que, dejándolo a la vista, pero oculto en el lugar más visible, nadie se daría cuenta.
-Interesante. El lingote brilla en sus manos.
-Sí. Hace bonito. Pero sigamos. Rompieron una ventana de su chalet creyendo que así, despistarían al personal. Se llevaron el ordenador, y algunas joyas para confundir, pero con las prisas los que se despistaron fueron ellos. Pensaban en regresar en otro momento. Sin duda, tenían mucha prisa y no les sobraba tiempo. Entonces, al examinar el lugar del robo, observé que algo brillaba, en el revistero. Por cierto, ¡qué casa más grande tiene usted!
-Gracias, me lo dice mucha gente.
-No se lo crea mucho.
-Ups...
-Entonces, el brillo que había debajo de un trapo sucio entre las revistas era el del lingote. Lo examiné y acerté. Y aquí lo tiene. No se olvide de pagarme los honorarios.
-¿Algo más, por las molestias, 45?
-Bueno, sí, los ejemplares de Hefner. Todos.
El cliente dudó un poco:
-Trato hecho-y se dieron la mano, para cerrar el reciente trato.
¿Para qué quiere 45 las publicaciones? Tampoco yo lo sé. Si lo dilucidaramos no habría misterio que resolver.

ELENA Y LA DAMA NEGRA

Elena tenía 48 años, un pasado que casi no recordaba y un futuro que se le escapaba de las manos. Era una mujer valiente y aún hermosa. Sin embargo, ya no podía mirarse al espejo sin que las lágrimas brotaran de sus ojos, ni dejar de sentir que un feroz hachazo la había mutilado para siempre.
Primero fue la quimio, los vómitos, la nausea, el pelo que se caía a manojos. Luego vino la mastectomía. Y ahora… vuelta a empezar.
Al principio se rebeló con furia, luchó a brazo partido, decidida a ganar la batalla. Cuando se sentía acorralada, se desviaba por otro camino y daba esquinazo a su enemiga. Por entonces no le dirigía la palabra.
La dama negra, furibunda, apenas si le daba tregua. Volvía a cerrarle el paso y con un manotazo la derribaba.
Elena, tendida en el suelo y sin apenas poder levantar la cabeza, sacaba fuerzas de no se sabe que profundidad, miraba hacia arriba y la desafiaba: -No podrás conmigo.
La dama orgullosa le daba la espalda y se alejaba como el matador que arrastra la muleta y mira altivo al tendido tras haber estoqueado al toro: -¿Qué te habrás creído, ilusa? Es sólo cuestión de tiempo.
Elena dolorida, extenuada, dejaba pasar un rato, hacía acopio de fuerzas y valor y poco a poco deshacía el ovillo en que la dama la había convertido. Apoyaba primero una mano, luego una rodilla y la otra. Lograba ponerse de nuevo en pie y tambaleándose como un borracho volvía a caminar.
Estaba cansada, muy cansada.
Durante el último mes, más aún en los últimos días, su monólogo interior se había hecho insistente y se encaminaba, sin desvío posible, en una misma dirección. A veces la ansiedad y el miedo la consumían, a veces lo veía todo claro y lograba sentirse serena.
Apenas si había amanecido. Elena se dirigió hacia el muelle. La neblina confundía borrosa el cielo y el mar. Se acercó hasta el espigón por el que tantas veces había caminado. Allí se estrellaban las olas levantando espuma.
La dama negra la seguía.
Elena se volvió y la increpó: -¿Cuántas veces lo has intentado? ¿Lo recuerdas?
-No llevo la cuenta. Sólo sé que eres dura. -Repuso la otra.
-Pero ahora ya no me asusta tu cerco, al contrario voy a tu encuentro.
-¿Ya no te asusto?
-No, ahora siento que contigo voy a liberarme. Mis pies son ligeros, casi no tocan el suelo.
Bajó del espigón, caminó hasta la playa. El mar traía olores salinos, de algas. Se fue adentrando en el agua, su vestido flotaba…Su cuerpo también flotó. Oyó una voz: -Ven. Ella contestó: -Ya estoy contigo, ya soy libre.