25 jun 2013
"Last drink"
Después me preguntó si tenía sed. Yo me incliné sobre ella y suavemente recogí con mi dedo una ultima gota que le resbalaba por el cuello. Me la llevé a los labios, luego besé los dos pequeños orificios apenas visibles y le dije que no, que mi sed estaba saciada. Le prometí volver y salí volando.
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14 jun 2013
Dimitri
Después de tantos años suspendido en el tiempo, solo le mueve un deseo, finalizar con la rutina diaria que le llena de hastío... dormir, dormir, dormir, olvidar una existencia que ha dejado de ser fascinante, convertida ya en una mueca de lo que fue. Ahora nada le une a aquel lugar, al país donde sin freno ha sido testigo de lo bueno y lo malo de este mundo. Su ciclo esta cerrado.
Dimitri sacude el polvo de sus anticuados ropajes, suspira y después de colocar los pliegues de su capa se dirige hacia la salida con pasos vacilantes, se cuida de no resbalar en las desgastadas piedras, ya que la humedad hace casi imposible dar dos pasos en equilibrio.
La noche es oscura, entre las largas ramas de los árboles la luna agazapada se esconde. Los pequeños habitantes del bosque huyen de la sombra, su instinto les avisa del paso del depredador. Él se detiene frente a un inmenso árbol, el leve roce de algo que baja entre las ramas le alerta, la ardilla asoma su hocico tímidamente, mira a un lado y a otro. Dimitri mimetizado con el resto del bosque solo es una sombra más y para cuando el roedor presiente el peligro es demasiado tarde. Unas manos largas, huesudas, le están asfixiando y unos colmillos afilados se han clavado en su garganta. La sombra se limpia los labios con un ajado pañuelo de fino encaje, aquel que hace tiempo sustrajo....
¿Qué le indujo a quedarse con el pañuelo de aquella niña?. No tenía respuesta... Tantas jóvenes a las que había esclavizado y una, solo una, se había librado de su maldición ¿Por qué? No podría explicarlo, solo sabía que un sentimiento diferente y que iba mas allá de su instinto se había instalado en él aquella noche que la conoció. Y se hizo adicto a admirarla mientras dormía y sin darse cuenta, fue su custodio durante décadas, vigilando sus sueños, guardándola de los de su especie.
Cuando Dimitri se dio cuenta que ya nunca mas podría ser lo que siempre fue, dejo de buscar bellas gargantas y desistió de beber la sangre que ya no le producía placer alguno y empezó a alimentarse de roedores. Entretanto su amada se fue haciendo adulta, más tarde conoció como envejecía, mientras él, malditamente eterno continuaba congelado en el tiempo.
Una noche ella ya no estaba, la cama vacía, en el aire olor a cera de velas, a flores y a rezos y lloró o quiso llorar pero no pudo y se dio cuenta de que su existencia sin fin, era ya absolutamente imposible.
Antes de marcharse de la habitación para siempre, se enjugó los ojos vacíos de lagrimas con el pañuelo que le había robado sesenta años atrás...
--------------------------------------
Lentamente Dimitri regresa al castillo después de su ultima caza, tiene que preparar su final, nadie puede ayudarle, solo el podrá hacerlo.
Una estaca afilada será su segunda opción y la deja clavada en la puerta, a la altura de su corazón, por si fuera necesario. La luz del amanecer se filtra por las rendijas de la vieja madera, Dimitri sentado espera y espera. Ahora la claridad entra a borbotones llenando cada rincón de la sala, entonces el vampiro se levanta y abre el portón, el sol le ciega y en ese momento el pánico lo atrapa, siente miedo a la luz, a lo desconocido, al definitivo final, e instintivamente se echa hacía atrás y cierra de golpe. Su capa ha quedado enganchada, aturdido intenta deshacerse de ella, forcejea y resbala. En un instante la estaca ha atravesado su corazón.
Gotas de sangre van cayendo al suelo mezcladas con jirones de lamentos, de recuerdos de batallas y de amoríos sin fin... Sonríe incrédulo y haciendo un ultimo esfuerzo se seca una lágrima que le resbala por la mejilla con un curioso arrugado pañuelo de seda.
Después de tantos años suspendido en el tiempo, solo le mueve un deseo, finalizar con la rutina diaria que le llena de hastío... dormir, dormir, dormir, olvidar una existencia que ha dejado de ser fascinante, convertida ya en una mueca de lo que fue. Ahora nada le une a aquel lugar, al país donde sin freno ha sido testigo de lo bueno y lo malo de este mundo. Su ciclo esta cerrado.
Dimitri sacude el polvo de sus anticuados ropajes, suspira y después de colocar los pliegues de su capa se dirige hacia la salida con pasos vacilantes, se cuida de no resbalar en las desgastadas piedras, ya que la humedad hace casi imposible dar dos pasos en equilibrio.
La noche es oscura, entre las largas ramas de los árboles la luna agazapada se esconde. Los pequeños habitantes del bosque huyen de la sombra, su instinto les avisa del paso del depredador. Él se detiene frente a un inmenso árbol, el leve roce de algo que baja entre las ramas le alerta, la ardilla asoma su hocico tímidamente, mira a un lado y a otro. Dimitri mimetizado con el resto del bosque solo es una sombra más y para cuando el roedor presiente el peligro es demasiado tarde. Unas manos largas, huesudas, le están asfixiando y unos colmillos afilados se han clavado en su garganta. La sombra se limpia los labios con un ajado pañuelo de fino encaje, aquel que hace tiempo sustrajo....
¿Qué le indujo a quedarse con el pañuelo de aquella niña?. No tenía respuesta... Tantas jóvenes a las que había esclavizado y una, solo una, se había librado de su maldición ¿Por qué? No podría explicarlo, solo sabía que un sentimiento diferente y que iba mas allá de su instinto se había instalado en él aquella noche que la conoció. Y se hizo adicto a admirarla mientras dormía y sin darse cuenta, fue su custodio durante décadas, vigilando sus sueños, guardándola de los de su especie.
Cuando Dimitri se dio cuenta que ya nunca mas podría ser lo que siempre fue, dejo de buscar bellas gargantas y desistió de beber la sangre que ya no le producía placer alguno y empezó a alimentarse de roedores. Entretanto su amada se fue haciendo adulta, más tarde conoció como envejecía, mientras él, malditamente eterno continuaba congelado en el tiempo.
Una noche ella ya no estaba, la cama vacía, en el aire olor a cera de velas, a flores y a rezos y lloró o quiso llorar pero no pudo y se dio cuenta de que su existencia sin fin, era ya absolutamente imposible.
Antes de marcharse de la habitación para siempre, se enjugó los ojos vacíos de lagrimas con el pañuelo que le había robado sesenta años atrás...
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Lentamente Dimitri regresa al castillo después de su ultima caza, tiene que preparar su final, nadie puede ayudarle, solo el podrá hacerlo.
Una estaca afilada será su segunda opción y la deja clavada en la puerta, a la altura de su corazón, por si fuera necesario. La luz del amanecer se filtra por las rendijas de la vieja madera, Dimitri sentado espera y espera. Ahora la claridad entra a borbotones llenando cada rincón de la sala, entonces el vampiro se levanta y abre el portón, el sol le ciega y en ese momento el pánico lo atrapa, siente miedo a la luz, a lo desconocido, al definitivo final, e instintivamente se echa hacía atrás y cierra de golpe. Su capa ha quedado enganchada, aturdido intenta deshacerse de ella, forcejea y resbala. En un instante la estaca ha atravesado su corazón.
Gotas de sangre van cayendo al suelo mezcladas con jirones de lamentos, de recuerdos de batallas y de amoríos sin fin... Sonríe incrédulo y haciendo un ultimo esfuerzo se seca una lágrima que le resbala por la mejilla con un curioso arrugado pañuelo de seda.
7 jun 2013
“Una pizca de locura”
Estaba harto, la falta de comunicación en un mundo saturado de la misma, me tenían al borde de la apatía mas absoluta.
Abrí la ventana y aspiré el aire de la noche, lejos quedaba la ciudad, sus sonidos ambientales me llegaban intermitentemente. Allá, un tren rápido, más tarde una música lejana, en primer plano el piano del tercero A. La noche estrellada me hizo soñar...
Soñé en una tiempo sin ordenadores, sin m.p.3, sin teléfonos. Soñé que alguien me susurraba al oído, acariciaba mi mano y que ese alguien estaba aquí, a mi lado, no tenía que hablarle desde el móvil, ni verlo por el SKY ...Soñé que para comunicarme con NADIE, no tenía que twitear o entrar en el face book...Y lo decidí
No valoré en absoluto las consecuencias y arrojé por la ventana el ordenador, la tablet, el E-book, el escáner y el m.p.3.
Solo entonces pude respirar hondo. Fui a la cocina y me preparé una taza de té, encendí mi vieja pipa, esa que tenía semi - abandonada por la falta de lugares donde fumar y me senté en el salón. Cogí un libro desgastado por el uso, y me dispuse a releerlo.
Estaba harto, la falta de comunicación en un mundo saturado de la misma, me tenían al borde de la apatía mas absoluta.
Abrí la ventana y aspiré el aire de la noche, lejos quedaba la ciudad, sus sonidos ambientales me llegaban intermitentemente. Allá, un tren rápido, más tarde una música lejana, en primer plano el piano del tercero A. La noche estrellada me hizo soñar...
Soñé en una tiempo sin ordenadores, sin m.p.3, sin teléfonos. Soñé que alguien me susurraba al oído, acariciaba mi mano y que ese alguien estaba aquí, a mi lado, no tenía que hablarle desde el móvil, ni verlo por el SKY ...Soñé que para comunicarme con NADIE, no tenía que twitear o entrar en el face book...Y lo decidí
No valoré en absoluto las consecuencias y arrojé por la ventana el ordenador, la tablet, el E-book, el escáner y el m.p.3.
Solo entonces pude respirar hondo. Fui a la cocina y me preparé una taza de té, encendí mi vieja pipa, esa que tenía semi - abandonada por la falta de lugares donde fumar y me senté en el salón. Cogí un libro desgastado por el uso, y me dispuse a releerlo.
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14 may 2013
La buena suerte
“ La buena suerte”
De pie, sobre la playa, observé la lancha balanceándose sobre las olas. Al oeste un oscuro frente de tormenta se acercaba. La barca me pareció de fabricación casera, aunque la distancia me impedía aseverar este punto. Pensé que los ocupantes, por la razón que fuere, la habían abandonado. Seguí contemplando su vaivén durante un buen rato. Las olas eran cada vez más fuertes y el baile de la embarcación se hizo mas y mas violento. Empezó a llover, me coloqué el impermeable y me dispuse a disfrutar de la impactante belleza de una gran tormenta desde tierra. Busqué cobijo en el chiringuito cerrado desde el verano. Allí, en una silla olvidada, me senté dispuesta a dejarme aterrorizar por las luces de los relámpagos y el sonido tardío de los truenos.
Las olas empujaban la lancha hacia la playa, un momento parecía que iba a volcar, al siguiente, logrando un milagroso equilibrio se enderezaba y seguía su camino hacia la arena. No fue hasta que embarrancó, cuando me di cuenta.
Salí corriendo hacia la patera, el viento, y la lluvia cayendo a jarros, apenas me dejaba avanzar, cuando llegué, el bebé negro, ya no tenía casi fuerzas para llorar y la madre, había dejado de luchar por la vida de ambos. Aun así, me costo gran trabajo arrancarlo de sus brazos.
Han pasado doce meses. Atrás ha quedado todo el inmenso papeleo, la búsqueda absurda de familiares y todo un rosario de problemas burocráticos y de incomprensión hasta llegar al acogimiento. Oficialmente ya es mi hijo.
Hoy iremos a la playa, arrojaremos al agua unas flores silvestres y si el tiempo lo permite, jugaremos con la arena y nos ensuciaremos hasta el infinito. Celebramos su cumpleaños allí, donde nació por segunda vez.
Volveremos cada año, quiero que sepa que llegó del agua, y que el mar nos regaló uno a otro y cuando sea mayor, le contaré porque se llama Neptuno.
De pie, sobre la playa, observé la lancha balanceándose sobre las olas. Al oeste un oscuro frente de tormenta se acercaba. La barca me pareció de fabricación casera, aunque la distancia me impedía aseverar este punto. Pensé que los ocupantes, por la razón que fuere, la habían abandonado. Seguí contemplando su vaivén durante un buen rato. Las olas eran cada vez más fuertes y el baile de la embarcación se hizo mas y mas violento. Empezó a llover, me coloqué el impermeable y me dispuse a disfrutar de la impactante belleza de una gran tormenta desde tierra. Busqué cobijo en el chiringuito cerrado desde el verano. Allí, en una silla olvidada, me senté dispuesta a dejarme aterrorizar por las luces de los relámpagos y el sonido tardío de los truenos.
Las olas empujaban la lancha hacia la playa, un momento parecía que iba a volcar, al siguiente, logrando un milagroso equilibrio se enderezaba y seguía su camino hacia la arena. No fue hasta que embarrancó, cuando me di cuenta.
Salí corriendo hacia la patera, el viento, y la lluvia cayendo a jarros, apenas me dejaba avanzar, cuando llegué, el bebé negro, ya no tenía casi fuerzas para llorar y la madre, había dejado de luchar por la vida de ambos. Aun así, me costo gran trabajo arrancarlo de sus brazos.
Han pasado doce meses. Atrás ha quedado todo el inmenso papeleo, la búsqueda absurda de familiares y todo un rosario de problemas burocráticos y de incomprensión hasta llegar al acogimiento. Oficialmente ya es mi hijo.
Hoy iremos a la playa, arrojaremos al agua unas flores silvestres y si el tiempo lo permite, jugaremos con la arena y nos ensuciaremos hasta el infinito. Celebramos su cumpleaños allí, donde nació por segunda vez.
Volveremos cada año, quiero que sepa que llegó del agua, y que el mar nos regaló uno a otro y cuando sea mayor, le contaré porque se llama Neptuno.
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4 may 2013
Un sótano con vistas
“ Un sótano con vistas”
Puede que sea una obsesión. Hacia las ocho de la tarde corto el trabajo diariamente y subido en una banqueta alta, me dispongo a ver pasar la vida de mi calle desde el pequeño ventanuco que a ras de suelo, sirve de respiradero al taller. A esas horas mi ayudante ya se ha marchado, tiene que repartir los cuadros recién enmarcados a las tiendas con las que trabajamos. Me quedo solo, es mi primer descanso del día y como tal, me relajo elucubrando sobre la vida de las personas que pasan por delante de la ventana.
La calle a esas horas, se trasforma en un variopinto trasiego de gente yendo o viniendo, unos esperan y otras, las mas madrugadoras, se quedan en las esquinas o a la puerta de alguno de los viejos edificios que alquilan habitaciones por horas.
Yo desde mi observatorio solo alcanzo a ver parte de los cuerpos de estas gentes. Si pasan rozando mi ventana, veo los zapatos y un poco de pantalón o de las piernas de las mujeres. Pero según se alejan de ella, puedo llegar a divisar hasta la cintura según la talla de cada cual, sobre todo si están en la acera de enfrente. Nunca alcanzo a ver sus caras, quizás esto hace mas interesante el jugar a adivinar o inventar algo sobre sus vidas.
Normalmente, cuando me asomo, las botas de punta inverosímil rematadas en metal barato, ya están en su puesto de trabajo. A veces da pequeños paseos, pero nunca se aleja de la entrada al hotel económico. Lleva unos vaqueros acampanados y fuma mucho, continuamente veo caer las gastadas colillas al suelo, las aplasta con el tacón de las botas que imitan piel de serpiente. Nunca cambia de calzado, es su seña de identidad.
Hay más zapatos que se acercan a las botas, son de tacón alto, altísimo, suelen estar varios minutos unos con otros, a veces llegan a dar unos pasos juntos, entonces las colillas caen al suelo por partida doble. También esos zapatos de grandes tacones, seis o siete pares diferentes, son siempre de las mismas usuarias. Hay unos de color rojo intenso que suelen pasear con las botas baratas mas de lo usual, hasta en ocasiones se acercan tanto que se rozan punta con punta están quietos unos segundos y se separan. Solo ocurre con los zapatos rojos, luego estos acostumbran a ir a la taberna de la esquina (supongo, pues no lo veo) y regresan con dos botellines de bebida, uno en cada mano y lo comparten con las botas de serpiente, al poco suelen desaparecer en el interior del portal acompañados de otros zapatos desconocidos. Las botas de punta plateada siguen en su lugar, al lado de la entrada.
A veces las colillas son diferentes, especialmente cuando se hace de noche. Están aplastadas antes de caer al suelo y desde luego hechas a mano. Para entonces la calle ya es un continuo disparate. Hay gritos, peleas y la puerta de enfrente está continuamente abierta. Entonces queda poca gente paseando a sus perros, es mas, solo les dejan el tiempo justo para que hagan sus necesidades, algunos las recogen, otros nó, pero todos tienen prisa por regresar a casa.
Sobre las diez de la noche suelo dejar de mirar, ya tengo suficiente.
Hoy estuve mas tiempo en el taller observando. Esperé inútilmente la visita del gato del 1ª. No apareció y tuve que retirar la comida del alfeizar de la ventana, no quiero visitas de callejeros. Los viernes se suele asustar, es exagerado el ruido en la calle y hoy ha habido demasiado.
Dos coches de policía aparcaron enfrente de mi ventana, por debajo de sus ruedas he visto como las botas de serpiente subían a uno de los coches, cuando este arrancó, los zapatos altos de color rojo, estaban en la otra acera, en sentido horizontal, sobresaliendo de una manta dorada. El suelo estaba sucio, cubierto de residuos de todo tipo, la sangre que escapaba del cuerpo tendido era roja , tan roja como sus zapatos.
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17 abr 2013
Final "El perseguido"
Final de “ El perseguido”
El bosque oscuro e impenetrable se le antojaba peligroso, pero no mas que aquello que le seguía incansable desde hacía horas. Tenía que seguir corriendo si quería salvar su vida y para esto solo contaba con sus piernas y con la noche que estaba cayendo poco a poco.
Se detuvo un momento para reponer fuerzas y escuchó. Todo estaba en silencio, parecía que la naturaleza entera dormía. Un poco mas relajado decidió descansar. Se sentó en lo que quedaba de un tronco carcomido por las larvas y trató de acompasar los alocados latidos de su corazón y ya mas tranquilo repasó los acontecimientos que le habían llevado a huir. La mañana que despertó con aquella sensación extraña de que era observado, aquel raro juguete que daba vueltas alrededor de la cabaña...
La televisión mas sensacionalista había dicho que aparecerían señales en algunos de los lugares mas alejados de las grandes urbes, donde aquellos seres podrían hacer sus experimentos sin ser detectados...Por el contrario, las cadenas mas serias y por supuesto el Pentágono, lo había desmentido. Las discusiones y debates se habían sucedido durante semanas, y aunque él no era especialmente crédulo, aquellos días que se prometió a sí mismo serían de descanso y relax a orillas del lago, se estaban tornando en inquietantes e incómodos desde que advirtió que lo vigilaban. Fué entonces cuando empezó a plantearse que quizás debería abandonar la idea de pescar en aquel lugar apartado y regresar a casa.
Un sonido lejano de ramas y hojas aplastadas se estaba acercando, pero el hombre extenuado hasta el infinito y absorto en sus pensamientos no podía apercibirse de esto y cuando tomó conciencia, quizás ya era demasiado tarde. El peso de algo cayó sobre uno de sus hombros, el terror se apoderó de él y no logró volver la cabeza, era el final, ¿pero que final?. No lo sabía.
Un sudor frío recorrió su cuerpo, quiso moverse pero no pudo, un dolor intenso en su brazo le avisó del nuevo amago de infarto y para cuando aquello lo trasportó como si de un fardo se tratara, el hombre ya había perdido la conciencia.
Cuando despertó el dolor había remitido, se tocó el pecho, algo parecido a un vendaje le cubría por completo, a su alrededor no podía ver nada, la luz era muy tenue una niebla lo cubría y parecía mantenerle en suspenso, como levitando...¿Qué le habían hecho? ¿Dónde estaba? Y gritó...
Alguien le sacudió enérgicamente y ese alguien le trasmitió una energía cordial. No podía verlo, pero por alguna razón esta vez no sentía miedo, y por alguna otra razón, comprendió lo que se le comunicaba sin mediar palabra o sonido alguno. Por ello, cuando le dejaron en el bosque, junto al tronco donde se detuvo en aquella huida a ninguna parte, sabía que su corazón había sido remplazado por algo y que nunca tendría mas infartos.
El bosque oscuro e impenetrable se le antojaba peligroso, pero no mas que aquello que le seguía incansable desde hacía horas. Tenía que seguir corriendo si quería salvar su vida y para esto solo contaba con sus piernas y con la noche que estaba cayendo poco a poco.
Se detuvo un momento para reponer fuerzas y escuchó. Todo estaba en silencio, parecía que la naturaleza entera dormía. Un poco mas relajado decidió descansar. Se sentó en lo que quedaba de un tronco carcomido por las larvas y trató de acompasar los alocados latidos de su corazón y ya mas tranquilo repasó los acontecimientos que le habían llevado a huir. La mañana que despertó con aquella sensación extraña de que era observado, aquel raro juguete que daba vueltas alrededor de la cabaña...
La televisión mas sensacionalista había dicho que aparecerían señales en algunos de los lugares mas alejados de las grandes urbes, donde aquellos seres podrían hacer sus experimentos sin ser detectados...Por el contrario, las cadenas mas serias y por supuesto el Pentágono, lo había desmentido. Las discusiones y debates se habían sucedido durante semanas, y aunque él no era especialmente crédulo, aquellos días que se prometió a sí mismo serían de descanso y relax a orillas del lago, se estaban tornando en inquietantes e incómodos desde que advirtió que lo vigilaban. Fué entonces cuando empezó a plantearse que quizás debería abandonar la idea de pescar en aquel lugar apartado y regresar a casa.
Un sonido lejano de ramas y hojas aplastadas se estaba acercando, pero el hombre extenuado hasta el infinito y absorto en sus pensamientos no podía apercibirse de esto y cuando tomó conciencia, quizás ya era demasiado tarde. El peso de algo cayó sobre uno de sus hombros, el terror se apoderó de él y no logró volver la cabeza, era el final, ¿pero que final?. No lo sabía.
Un sudor frío recorrió su cuerpo, quiso moverse pero no pudo, un dolor intenso en su brazo le avisó del nuevo amago de infarto y para cuando aquello lo trasportó como si de un fardo se tratara, el hombre ya había perdido la conciencia.
Cuando despertó el dolor había remitido, se tocó el pecho, algo parecido a un vendaje le cubría por completo, a su alrededor no podía ver nada, la luz era muy tenue una niebla lo cubría y parecía mantenerle en suspenso, como levitando...¿Qué le habían hecho? ¿Dónde estaba? Y gritó...
Alguien le sacudió enérgicamente y ese alguien le trasmitió una energía cordial. No podía verlo, pero por alguna razón esta vez no sentía miedo, y por alguna otra razón, comprendió lo que se le comunicaba sin mediar palabra o sonido alguno. Por ello, cuando le dejaron en el bosque, junto al tronco donde se detuvo en aquella huida a ninguna parte, sabía que su corazón había sido remplazado por algo y que nunca tendría mas infartos.
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1 abr 2013
El perseguido
“ El perseguido”
Tenía la certeza de que aquella situación la había vivido antes. No conseguía recordar donde ni como, pero en aquel momento poco importaba, tenía que seguir corriendo si quería salvar su vida y para esto solo contaba con sus piernas y con la noche que estaba cayendo poco a poco. El bosque oscuro e impenetrable se le antojaba peligroso, pero no mas que aquello que le seguía incansable desde hacía horas.
Se detuvo un momento para reponer fuerzas y escuchó. Todo estaba en silencio, parecía que la naturaleza entera dormía. Un poco mas relajado decidió descansar . Se sentó en lo que quedaba de un tronco carcomido por las larvas y ya mas tranquilo repasó los acontecimientos que le habían llevado a huir. La mañana que despertó con aquella sensación extraña de que era observado, aquel raro juguete que daba vueltas alrededor de la casa y ...Un sonido lejano de ramas y hojas aplastadas se estaba acercando, pero el hombre extenuado hasta el infinito y absorto en sus recuerdos no podía apercibirse de esto y cuando tomó conciencia, quizás ya era demasiado tarde.
Tenía la certeza de que aquella situación la había vivido antes. No conseguía recordar donde ni como, pero en aquel momento poco importaba, tenía que seguir corriendo si quería salvar su vida y para esto solo contaba con sus piernas y con la noche que estaba cayendo poco a poco. El bosque oscuro e impenetrable se le antojaba peligroso, pero no mas que aquello que le seguía incansable desde hacía horas.
Se detuvo un momento para reponer fuerzas y escuchó. Todo estaba en silencio, parecía que la naturaleza entera dormía. Un poco mas relajado decidió descansar . Se sentó en lo que quedaba de un tronco carcomido por las larvas y ya mas tranquilo repasó los acontecimientos que le habían llevado a huir. La mañana que despertó con aquella sensación extraña de que era observado, aquel raro juguete que daba vueltas alrededor de la casa y ...Un sonido lejano de ramas y hojas aplastadas se estaba acercando, pero el hombre extenuado hasta el infinito y absorto en sus recuerdos no podía apercibirse de esto y cuando tomó conciencia, quizás ya era demasiado tarde.
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