5 abr. 2011

ENSUEÑO

El lugar preferido de toda la casa era su habitación. Cecilia ya no se consideraba una niña, tampoco un adulto, no sabía cómo definirse. Lo que más le gustaba, cuando estaba en casa, era tumbarse en su cama, no hacer nada, dormitar entre sus peluches. Se acostó abrazada a su dinosaurio, estaba relajada, era feliz. Domingo, acababa de comer y se encontraba cansada. Cerró los ojos, al rato notó como el colchón comenzó a elevarse muy lentamente. Sintió que subía, se movía hacia un lado y hacia delante. Notó como se desplazaba y salía de su habitación, traspasando la pared y la ventana. Apreció el aire de la calle sobre su cara, la temperatura era buena, debía estar nublado porque no notó el sol sobre su piel. Se iba elevando suavemente, sintiendo algo de vértigo en la ascensión. Decidió no abrir los ojos y seguir disfrutando de esa sensación. Oía el ruido del tráfico, cada vez más lejano, también algún ladrido de perro. Qué sensación tan agradable, flotar. Se quedó adormecida. Abrió los ojos y se sentó en la cama, todo era blanco a su alrededor, como algodón, mullido y cálido. De algún lugar llegaba luz, no mucha, pero suficiente para ver su colchón, sus sábanas y sus peluches desparramados. Los muñecos de trapo hasta entonces dormidos a su alrededor, comenzaron a desperezarse, se sentaron, alguno correteaba sobre la cama, saltaban, el osito marrón cayó hacia atrás y desapareció entre el algodón, detrás el dálmata tratando de sujetarle. Cecilia se angustió tratando de atrapar a todos los peluches pero el colchón se balanceaba y más de sus preciados animales se iban cayendo al vacío. Mientras se agarraba a las sábanas, les chillaba que se estuviesen quietos, que se sujetasen, trataba de capturarlos. Abrió los ojos muy asustada, cuando se despertó el dinosaurio todavía estaba allí, bien aferrado a sus brazos.

5 comentarios:

  1. Como el jueves pasado tuve el mal gusto de leer directamente del móvil, sin llevaros una copia en papel, he colgado el relato para que me podais criticar a gusto.

    Un saludo

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  2. Ingrid:
    Lo he leído, y creo que está bien. Yo no cambiaría ni una coma.

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  3. Jaja, me ha hecho gracia lo que dices de "...para que me podáis criticar a gusto.".
    Está bien tu relato. Releyéndolo ahora mi mente perversa me ha dado un poco de morbo al darme cuenta que Cecilia "ya no se consideraba una niña, tampoco un adulto..." uhmm, la imagen de una adolescente (mayor de edad siempre, claro) en pijamita de verano aterrada volando en el colchón, le da un cariz nuevo y fácilmente vendible ;-)
    Una idea, ¿se te ha ocurrido contarlo en primera persona?, a lo mejor consigues aún mayor tensión.
    Últimamente te veo muchos trasiegos domésticos apresurados y angustiosos en tus relatos (despertares dolientes, prisas en el coche y cosas así).

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  4. Ah, otra cosa.
    Si en la etiqueta añades a "microrrelato" tu nombre, los podremos seleccionar todos a la vez de un click.

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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