25 jul 2014
“La tribu de los Tiny”
Ellos habitan o habitaban los intrincados bosques de la amazonía. Según la leyenda estos seres pequeños, eran tímidos y no se dejaban ver por extraños. Por esto no puedo asegurar si lo que cuento a continuación es algo que ocurrió o simplemente una fábula, pues nadie lo ha podido probar.
Parece que estos hombrecillos eran vegetarianos puros. Tenían un gran respeto por la naturaleza y por los animales. No cazaban, solo cultivaban y también recogían los frutos que las plantas y árboles les ofrecían sin que apenas tuvieran que molestarse en trabajar.
Eran gentes felices en su inocencia, no ambicionaban acumular riquezas que nada significaba para ellos. No necesitaban vestidos, iban desnudos, sus adornos los encontraban en la naturaleza y sus sombreros también. Sí, todos utilizaban sombrero tejido con ramas y lianas, posiblemente por coquetería, más que por necesidad de resguardarse del sol.
Pero...siempre hay un PERO. En este caso que os cuento, era el que hubo un momento en sus vidas que tuvieron problemas. Estos vinieron derivados de uno de los componentes de la tribu. Este, por razones que no se sabían, empezó a saltarse las normas no escritas de la convivencia y el respeto hacia su entorno. Más de una vez le sorprendieron matando pequeños animales y lo que es peor ¡se los comía!.Y como le cogió el gustillo a esto, abandonó por completo la dieta vegetariana y se hizo carnívoro.
Los viejos del lugar le advirtieron, que en su tribu nunca se había sacrificado a ningún otro ser vivo digno de seguir su propio ciclo vital. También se le dijo, que si persistía en su vil comportamiento, debería abandonar su pueblo e ir a unirse a otros que fueran comedores de carne.
El dijo que si, que nunca más ocurriría, que estaba arrepentido y que por nada del mundo iba abandonar su hábitat. Pero faltó a su promesa, una vez y otra más le pillaron cazando y lo que es peor, mataba simplemente por matar.
Se le volvió a hablar, él explicó que no podía contenerse, que cuanto más cazaba, más fuerte era el impulso que le dominaba, y que no sabía de donde le venía pero no podía refrenarlo. Se reiteró en que no pensaba dejar su pueblo y en que trataría de no caer en la tentación de nuevo. También dijo que de todas maneras tampoco era para tanto y que otras tribus cazaban y no pasaba nada.
Así las cosas, los jefes decidieron reunirse una noche para hablar del problema creciente. Una vez que se aseguraron de que el díscolo dormía, comenzó la reunión en la que no faltaba el hombre más sabio y respetado del lugar: el brujo.
Después de pasar la humeante pipa unos a otros comenzó la asamblea. Enseguida se llegó a la certeza de que Greedy parecía no tener ningún interés en terminar con su adicción y tampoco estaba dispuesto a erradicarse de la tribu. Entonces se le dio la palabra al brujo. Este lanzó a la fogata un puñado de hierbas secas que estallaron en miles de luces microscópicas, y cuando estas se desvanecieron, fue cuando abrió la boca y dijo:
-Greedy está poseído, atrapado por los demonios de la carne que habitan en él. y estos no lo soltarán a menos que le haga una limpieza a fondo.
(Podéis imaginar que el brujo hablaba con palabras bastante más sencillas, pero como yo soy quien traduzco, las he hecho más literarias).
Los componentes de la asamblea, conocían los poderes de su hechicero de cabecera, y enseguida le pidieron que hiciera lo que fuere para destruir a los demonios ocupas de su convecino. Este dijo que necesitaban a un componente de la tribu que estuviera a punto de abandonar la niñez y entrar en la pubertad. Solo alguien en este periodo (todavía puro) podría hacer lo que él, el brujo, le instruiría, y que era indispensable para desalojar a los malditos inquilinos.
No fue difícil encontrar al chico que necesitaban, había cuatro en edad de cambio que esperaban la nueva estación para pasar el ritual que les llevaría a la adolescencia. Escogieron a Smarty, era el más espabilado y aguerrido de todos y le enviaron a hablar con el brujo.
En pocas palabras, este le puso al corriente de varias cosas, lo principal era que tenía que robarle el sombrero con el que hasta dormía y lo hiciera desaparecer, puesto que entre el casco y la cabeza era donde se habían instalado los diablillos ocupas. Luego le dio una especie de cataplasma hecha con hojas variadas y desconocidas, también le advirtió que la noche siguiente era ideal para deshacer el encanto pues la luna estaría en cuarto creciente (el brujo realmente dijo “estaría gorda”) y además le añadió otras hierbas para que las pusiera en la pipa de Greedy.
Aquella noche nuestro héroe fue a visitar al embrujado. Le entregó unos pastelillos hechos por su madre y más tarde se ofreció para prepararle la pipa. Greedy, que era soltero y vivía solo en su cabaña, encontró agradable la visita y también los pastelillos (en estos la madre de Smarty había puesto bastante marihuana) Total que al poco, estaba montón de contento y bastante ido. Luego se puso a fumar la pipa (que también llevaba lo suyo de adormidera) y a la tercera calada cayó feliz al suelo roncando como un tapir.
Smarty le dio una fuerte patada para asegurarse de su inconsciencia, el otro ni se inmutó. Entonces le quitó el sombrero y se asomó a la cabeza del durmiente. Allí, había una especie de nido en el que dormían tres gordos y horrorosos diablillos colorados. La entrada de aire, les despertó y medio atontados empezaron a pelear unos con otros, y rápidamente les vino a la cabeza, el estomago.
-¡Es hora de comer!- dijo el más gordo
-¡Yo quiero carne!- ¡Y yo! -dijeron a coro los pequeños
Smarty les tocó con un palo de bambú que había preparado para ellos y...
-¡Eh, vosotros, si queréis comer entrar en este tubo, os he preparado carne en abundancia.
-¿Y tu quien eres?- era el gordísimo quien hablaba
-Yo soy Smarty, y vengo a daros de comer. ¿Cómo os llamáis?
-A mí me llaman Lu- contestó él- aquel imbecil canijo es Ci y el mostrenco es Fer.
No había terminado de decirlo cuando Fer le agarró por la cola y sujetándolo fuertemente le clavó una especie de tridente en el grandísimo culo. Lu cabreado le pegó un bofetón al del pincho que lo tiró patas arriba, aplastando en la caída a Ci, que aprovechó para morderle una pata. Y comenzó de nuevo la pelea. Smarty tuvo que poner orden y les recordó lo de la comida. Ante esta palabra mágica, rápidamente dejaron la reyerta y de nuevo Lu preguntó:
-¿Cómo hacemos para conseguir la carne?
-Yo os ayudo. Entrará en el bambú Fer, luego lo hará Ci y por ultimo tú, Lu, que eres el mayor y además el jefe. Venga no perdáis tiempo.
Smarty colocó el palo al lado de Fer y con una ramita le ayudó a entrar en el agujero, luego lo hizo con el siguiente y más tarde con Lu, este, se le atascó varias veces a la altura del enorme culo, y tuvo que empujar con todas sus fuerzas hasta que logró que entrara por completo. En cuanto estuvieron todos dentro, cegó el orificio con cera robada a un panal cercano y lo reforzó con una composición del liquido del árbol de latex (por allí había muchos) y con unos polvos que el brujo le había dado. Luego se taponó sus oídos con el resto de la cera, para no escuchar los gritos y promesas de los diablillos que habian empezado a comprender que les engañó.
Tal como le dijo el hechicero, y sin pesarlo dos veces, selló el cráneo del adormecido con la cataplasma, no sin antes rellenar el enorme hueco donde estuvieron los ocupas con paja.
Salió de la choza y fue hacia la gran hoguera que siempre estaba encendida en el centro del poblado. Allí se deshizo del palo de bambú y luego se dirigió al río, subió a la pasarela de lianas y entonces arrojó el sombrero por encima de la baranda del puente y luego echó a correr.
Dicen que la paz regresó a la aldea, que Greedy volvió al buen camino vegetariano, y que no recordaba nada de lo acaecido, es más, siempre decía que tenía la cabeza un poco ida, como si la tuviera rellena de paja... y tal como en cualquier pueblo suele ocurrir se convirtió en el inofensivo tonto del lugar y en aquel bosque no se volvió a cazar ni a matar hasta que...
Llegaron unos seres con palos donde escondían relámpagos y truenos. Eran bastante más altos que los Tiny, más blancos, y sobre todo más civilizados.
Pero eso sin duda, es otra historia.
M.Luisa Pino Junio 2014
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Grumpy-Relatos
6 jun 2014
Solos en el espacio
“Solos en el espacio”
No puedo recordar cuanto tiempo ha pasado desde que dejamos la tierra. Puede que varios años. No tenemos referencia alguna del período transcurrido desde que estamos dando vueltas por el cosmos. Creo que Freddy y yo somos los únicos supervivientes que hemos escapado al exterminio total de nuestro viejo planeta.
Siguiendo nuestra planificada rutina, de cuando en cuando nos posamos en un satélite u otro (hasta ahora todos deshabitados). Yo recojo muestras, mientras mi compañero encuentra tubérculos extraños que come con deleite, ambos estiramos las piernas y yo también tomo fotos, aunque soy consciente de que ya nada es necesario, ni sirve en absoluto. Después de tanto tiempo, conocemos que no vamos a ninguna parte y la percepción de un futuro incierto, empieza a pesar en nuestro ánimo. Solo la amistad y los años pasados juntos, mantiene nuestra moral intacta, junto con las pequeñas rutinas diarias que nunca olvidamos hacer para no perder la cabeza definitivamente.
Sabemos que un día u otro, no podremos reparar nuestra nave nunca más, que ésta se deteriorará definitivamente y caeremos en alguno de los múltiples agujeros negros que evitamos de continuo. Para entonces Freddy habrá muerto y yo también.
Freddy llegó a mi casa de San Francisco, una mañana soleada de mayo. Yo estaba saliendo de una perdida sentimental traumática, un divorcio, y necesitaba compartir la vida con alguien. No me acostumbraba a la soledad y decidí que debería buscar con quien compartir una casa grande y desangelada. Mi madre me dio algunas ideas, de las cuales solo me quedé con la ultima. Esta fue la que puse en marcha.
Solo habían pasado un par de semanas cuando el timbre de la puerta sonó y un empleado de MRW me hizo entrega del envío. El enorme cajón (me había costado una pasta) era perfectamente adecuado para el viaje que acababa de finalizar. A través de una tupida rejilla para respirar, apenas se podía adivinar que un ser vivo habitaba su interior. Nervioso abrí la portezuela, dentro, un pequeño animalillo negruzco, de sonrosado hocico me miraba con ojos asustados, todavía estaba medio adormilado por el sedante y no se atrevía a salir, lo pude sacar del habitáculo gracias a la ayuda de una golosina (a las que más tarde se haría adicto). Nada más verle, supe que nombre le pondría, Freddy, como mi ex marido, pues era igualito que él, este quizás menos cerdo que el anterior, pero eso estaba por ver. De cualquier modo yo le pensaba amar y mimar hasta el infinito, tanto como lo había hecho con el que se fue con nuestro peluquero.
Mi cerdo vietnamita era y es la mejor compañía que nunca pude imaginar. Dócil, limpio, y sobre todo cariñoso. Enseguida nos acostumbramos el uno al otro y con el tiempo, el Freddy anterior, dejó de ser un trauma, y se convirtió en una especie de fantasma del pasado, todo gracias al nuevo Freddy que llenó mi vida totalmente. Nunca imaginé que un cerdo pudiera sustituir a otro con tanta facilidad. En consecuencia empecé a olvidar al primero y pasé a concentrarme en el nuevo.
Mientras, la tierra se había convertido en un planeta inhabitable. Hacía tiempo que tenía pensado abandonarla con Freddy. Por lo cual, aprovechando mis conocimientos de ingeniería, comencé a adaptar mi vehículo volador para un viaje de no regreso a la tierra. Compré en el desguace de máquinas volantes, varias piezas y con estás y otras más de primera mano, conseguí crear un vehículo bastante aceptable después de unos meses de duro trabajo. Así, cuando todo estuvo en condiciones optimas para el éxodo, emprendimos el viaje a otras galaxias en nuestro curioso desplazador espacial.
Y aquí seguimos dando vueltas, curioseando en varios planetas, contemplando atardeceres hermosísimos y amaneceres asombrosos.
En una de estas visitas descubrimos un planeta chiquito, tanto que en diez minutos se recorría de punta a punta. Allí encontramos una única flor, escarlata, parecida a una rosa terrestre. Estaba radiante, bien cuidada, con una especie de empalizada protegiéndola de algo o alguien. Es casi seguro que tenía un cuidador que la regaba y posiblemente hasta le hablase. Pero no le encontramos, quizás estaba de viaje. Me costó trabajo convencer a Freddy para que la dejara en paz, que no se la comiera, pues seguro tenía un dueño, y cuando este regresara querría seguir cuidando de su flor... Y nos fuimos.
Hemos conocido otros muchos lugares, pero ninguno tan lindo como el pequeño planeta, y es ahora cuando ha llegado el momento de detenernos. La nave se está convirtiendo en un viejo cacharro inseguro, mientras nosotros, por alguna razón que ignoro, no envejecemos. Lo tengo todo planeado, antes de que caigamos en uno de esos horribles agujeros negros, dormiré a Freddy, y luego yo tomaré el resto del somnífero eterno.
Pararemos en algún lugar donde pueda enterrar estas páginas con la historia de nuestras vidas. Las guardaré en un cofre junto con una foto de mi cerdo y yo. También irá dentro un comic de Mickey Mouse y una grabación de Bob Marley.
Es lo único que me queda por hacer.
M. Luisa Pino
Junio 2014
No puedo recordar cuanto tiempo ha pasado desde que dejamos la tierra. Puede que varios años. No tenemos referencia alguna del período transcurrido desde que estamos dando vueltas por el cosmos. Creo que Freddy y yo somos los únicos supervivientes que hemos escapado al exterminio total de nuestro viejo planeta.
Siguiendo nuestra planificada rutina, de cuando en cuando nos posamos en un satélite u otro (hasta ahora todos deshabitados). Yo recojo muestras, mientras mi compañero encuentra tubérculos extraños que come con deleite, ambos estiramos las piernas y yo también tomo fotos, aunque soy consciente de que ya nada es necesario, ni sirve en absoluto. Después de tanto tiempo, conocemos que no vamos a ninguna parte y la percepción de un futuro incierto, empieza a pesar en nuestro ánimo. Solo la amistad y los años pasados juntos, mantiene nuestra moral intacta, junto con las pequeñas rutinas diarias que nunca olvidamos hacer para no perder la cabeza definitivamente.
Sabemos que un día u otro, no podremos reparar nuestra nave nunca más, que ésta se deteriorará definitivamente y caeremos en alguno de los múltiples agujeros negros que evitamos de continuo. Para entonces Freddy habrá muerto y yo también.
Freddy llegó a mi casa de San Francisco, una mañana soleada de mayo. Yo estaba saliendo de una perdida sentimental traumática, un divorcio, y necesitaba compartir la vida con alguien. No me acostumbraba a la soledad y decidí que debería buscar con quien compartir una casa grande y desangelada. Mi madre me dio algunas ideas, de las cuales solo me quedé con la ultima. Esta fue la que puse en marcha.
Solo habían pasado un par de semanas cuando el timbre de la puerta sonó y un empleado de MRW me hizo entrega del envío. El enorme cajón (me había costado una pasta) era perfectamente adecuado para el viaje que acababa de finalizar. A través de una tupida rejilla para respirar, apenas se podía adivinar que un ser vivo habitaba su interior. Nervioso abrí la portezuela, dentro, un pequeño animalillo negruzco, de sonrosado hocico me miraba con ojos asustados, todavía estaba medio adormilado por el sedante y no se atrevía a salir, lo pude sacar del habitáculo gracias a la ayuda de una golosina (a las que más tarde se haría adicto). Nada más verle, supe que nombre le pondría, Freddy, como mi ex marido, pues era igualito que él, este quizás menos cerdo que el anterior, pero eso estaba por ver. De cualquier modo yo le pensaba amar y mimar hasta el infinito, tanto como lo había hecho con el que se fue con nuestro peluquero.
Mi cerdo vietnamita era y es la mejor compañía que nunca pude imaginar. Dócil, limpio, y sobre todo cariñoso. Enseguida nos acostumbramos el uno al otro y con el tiempo, el Freddy anterior, dejó de ser un trauma, y se convirtió en una especie de fantasma del pasado, todo gracias al nuevo Freddy que llenó mi vida totalmente. Nunca imaginé que un cerdo pudiera sustituir a otro con tanta facilidad. En consecuencia empecé a olvidar al primero y pasé a concentrarme en el nuevo.
Mientras, la tierra se había convertido en un planeta inhabitable. Hacía tiempo que tenía pensado abandonarla con Freddy. Por lo cual, aprovechando mis conocimientos de ingeniería, comencé a adaptar mi vehículo volador para un viaje de no regreso a la tierra. Compré en el desguace de máquinas volantes, varias piezas y con estás y otras más de primera mano, conseguí crear un vehículo bastante aceptable después de unos meses de duro trabajo. Así, cuando todo estuvo en condiciones optimas para el éxodo, emprendimos el viaje a otras galaxias en nuestro curioso desplazador espacial.
Y aquí seguimos dando vueltas, curioseando en varios planetas, contemplando atardeceres hermosísimos y amaneceres asombrosos.
En una de estas visitas descubrimos un planeta chiquito, tanto que en diez minutos se recorría de punta a punta. Allí encontramos una única flor, escarlata, parecida a una rosa terrestre. Estaba radiante, bien cuidada, con una especie de empalizada protegiéndola de algo o alguien. Es casi seguro que tenía un cuidador que la regaba y posiblemente hasta le hablase. Pero no le encontramos, quizás estaba de viaje. Me costó trabajo convencer a Freddy para que la dejara en paz, que no se la comiera, pues seguro tenía un dueño, y cuando este regresara querría seguir cuidando de su flor... Y nos fuimos.
Hemos conocido otros muchos lugares, pero ninguno tan lindo como el pequeño planeta, y es ahora cuando ha llegado el momento de detenernos. La nave se está convirtiendo en un viejo cacharro inseguro, mientras nosotros, por alguna razón que ignoro, no envejecemos. Lo tengo todo planeado, antes de que caigamos en uno de esos horribles agujeros negros, dormiré a Freddy, y luego yo tomaré el resto del somnífero eterno.
Pararemos en algún lugar donde pueda enterrar estas páginas con la historia de nuestras vidas. Las guardaré en un cofre junto con una foto de mi cerdo y yo. También irá dentro un comic de Mickey Mouse y una grabación de Bob Marley.
Es lo único que me queda por hacer.
M. Luisa Pino
Junio 2014
3 jun 2014
Guion Tormenta de ideas
Guión: Tormenta de ideas
Vida y andanzas de una mascota en un mundo turbulento, en ebullición, con prisas y afectos pasajeros.
El lugar de los hechos es Londres. ¿Quizás Berlín?. ¿Por qué no Paris?.Estaría bien Roma...No, mejor será Madrid. No sé, bueno ya veré.
El personaje es un perro. No, es un gato. Claro que podría ser un cerdito vietnamita...Ahora están muy de moda. Quizás un conejo o un animal exótico...Puede que de más juego un aligator. Más tarde lo decido.
Ocurre en las afueras de la capital (la que sea). Es primavera. Claro que también podría ser otoño...No, mejor estamos en verano. Siempre lo puedo cambiar...Igual puede ocurrir en invierno.
Es una pareja joven, sin hijos, adoptan al animal de compañía pero cuando esperan al primer bebé, deciden deshacerse de la mascota.
No, mejor una pareja de mediana edad, con hijos, se van de vacaciones y no pueden llevarse al animal.
Lo dejarán en una gasolinera de la M-40, o quizás en la carretera de la Coruña. Depende a donde se dirijan de vacaciones. La mascota al verse abandonada, se suicida arrojándose entre las ruedas de un land-rover. Igual sería más oportuno que la atropellara una segadora...También puede superar el trauma y si es un perro, va y se asilvestra y forma familia con otros chuchos abandonados...
¿Y si fueran una pareja de gays? Seguro que daría más morbo. Pero...¿Por qué se van a deshacer de su animal de compañía? Ya sé, le ha dado por arrojar sus excrementos a uno de ellos por celos. Son tres machos (casi) conviviendo juntos y eso no lo lleva bien el mono. ¿Y si el animal fuera también gay? Entonces este se pasa el día masturbándose cada vez que los ve haciendo manitas...Claro que esto es en caso de que sea un primate la mascota.
Igual es mejor que sean una pareja de lesbianas...Con dos hijos adoptados. La mascota muerde a uno de los críos...¿Cuál de ellas? Mejor el aligator. No, no muerde a nadie. Ha crecido y no se pueden hacer con el bicho. Deciden soltarlo en el lago de la casa de campo. No, en el del Parque Juan Carlos. Quizás podrían donarlo al Zoo...
¿Y si la dueña de la mascota es una viejecita?. Se muere y el gato (o lo que sea) se queda sin casa (pues hay un desahucio) y le echan a la calle. Deambula sin rumbo por su barrio hasta que encuentra una asociación anti- desahucio que lo acoge. Esta asociación lo utiliza como bandera contra los bancos y lo lleva a cada escrache que se les ocurre...
No, mejor lo acoge un banderillero venido a menos. Este hombre se lo lleva a la zona céntrica de Madrid o de Sevilla, donde pide limosna. Sería bueno que estuvieran en la puerta de una iglesia y que su horario de trabajo fuera domingos y festivos. Eso les daría una vida tranquila y con poca bulla...
No me decido, tengo que pensarlo. ¡Se me está poniendo un dolor de cabeza!
La tormenta de ideas me supera, se ha convertido en huracán. Las imágenes que recibo, se atropellan unas a otras y están empezando a pelear entre ellas para que las convierta en palabras y las escriba en mi ordenador. No puedo dominarlas, se están pisando, son demasiadas, muy alborotadoras y egocéntricas. Mejor corto el rollo antes de que se maten entre si.
¡No pienso hacer ningún relato hoy!..
M. Luisa Pino
Mayo 2014
Vida y andanzas de una mascota en un mundo turbulento, en ebullición, con prisas y afectos pasajeros.
El lugar de los hechos es Londres. ¿Quizás Berlín?. ¿Por qué no Paris?.Estaría bien Roma...No, mejor será Madrid. No sé, bueno ya veré.
El personaje es un perro. No, es un gato. Claro que podría ser un cerdito vietnamita...Ahora están muy de moda. Quizás un conejo o un animal exótico...Puede que de más juego un aligator. Más tarde lo decido.
Ocurre en las afueras de la capital (la que sea). Es primavera. Claro que también podría ser otoño...No, mejor estamos en verano. Siempre lo puedo cambiar...Igual puede ocurrir en invierno.
Es una pareja joven, sin hijos, adoptan al animal de compañía pero cuando esperan al primer bebé, deciden deshacerse de la mascota.
No, mejor una pareja de mediana edad, con hijos, se van de vacaciones y no pueden llevarse al animal.
Lo dejarán en una gasolinera de la M-40, o quizás en la carretera de la Coruña. Depende a donde se dirijan de vacaciones. La mascota al verse abandonada, se suicida arrojándose entre las ruedas de un land-rover. Igual sería más oportuno que la atropellara una segadora...También puede superar el trauma y si es un perro, va y se asilvestra y forma familia con otros chuchos abandonados...
¿Y si fueran una pareja de gays? Seguro que daría más morbo. Pero...¿Por qué se van a deshacer de su animal de compañía? Ya sé, le ha dado por arrojar sus excrementos a uno de ellos por celos. Son tres machos (casi) conviviendo juntos y eso no lo lleva bien el mono. ¿Y si el animal fuera también gay? Entonces este se pasa el día masturbándose cada vez que los ve haciendo manitas...Claro que esto es en caso de que sea un primate la mascota.
Igual es mejor que sean una pareja de lesbianas...Con dos hijos adoptados. La mascota muerde a uno de los críos...¿Cuál de ellas? Mejor el aligator. No, no muerde a nadie. Ha crecido y no se pueden hacer con el bicho. Deciden soltarlo en el lago de la casa de campo. No, en el del Parque Juan Carlos. Quizás podrían donarlo al Zoo...
¿Y si la dueña de la mascota es una viejecita?. Se muere y el gato (o lo que sea) se queda sin casa (pues hay un desahucio) y le echan a la calle. Deambula sin rumbo por su barrio hasta que encuentra una asociación anti- desahucio que lo acoge. Esta asociación lo utiliza como bandera contra los bancos y lo lleva a cada escrache que se les ocurre...
No, mejor lo acoge un banderillero venido a menos. Este hombre se lo lleva a la zona céntrica de Madrid o de Sevilla, donde pide limosna. Sería bueno que estuvieran en la puerta de una iglesia y que su horario de trabajo fuera domingos y festivos. Eso les daría una vida tranquila y con poca bulla...
No me decido, tengo que pensarlo. ¡Se me está poniendo un dolor de cabeza!
La tormenta de ideas me supera, se ha convertido en huracán. Las imágenes que recibo, se atropellan unas a otras y están empezando a pelear entre ellas para que las convierta en palabras y las escriba en mi ordenador. No puedo dominarlas, se están pisando, son demasiadas, muy alborotadoras y egocéntricas. Mejor corto el rollo antes de que se maten entre si.
¡No pienso hacer ningún relato hoy!..
M. Luisa Pino
Mayo 2014
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Grumpy-Relatos
26 may 2014
Gracias Antonio
Gracias Antonio por crear un nombre que nos dio identidad y por crear este blog.
Zarigueyos, me siento muy orgullosa de formar parte de este estupendo grupo.
Estoy segura de que nos leerás desde donde estés, así que vamos a tratar de mantener activo tu blog.
Soy terrible para las despedidas, así que esto no es un adiós, es un hasta luego, hasta la próxima vez que entremos en el blog.
Querido lobo, no te olvidamos.
Zarigueyos, me siento muy orgullosa de formar parte de este estupendo grupo.
Estoy segura de que nos leerás desde donde estés, así que vamos a tratar de mantener activo tu blog.
Soy terrible para las despedidas, así que esto no es un adiós, es un hasta luego, hasta la próxima vez que entremos en el blog.
Querido lobo, no te olvidamos.
8 may 2014
También eres Inmortal
Sí, amigo Antonio, Tusitala, porque estas dos ilustraciones, la de la parte superior para la serie 45 Relatos en Zarigüeya, y Futurama Narrativa debajo de la de la superior, para el Códice Universal, los rótulos, fueron ideas tuyas. La primera, original, porque eres un genio, y siempre serás un genio renacentista, y la Terminator con los rótulos, a partir de la misma imagen que te envié y fueron ambas ideas tuyas. A partir de una sugerencia mía.
Eres uno de los genios creativos que ha abandonado este mundo, pero esas imágenes, ambas, continuarán utilizándose. no sólo como homenaje, sino porque en ambas demostraste tu chispa artística y original. Porque eres un Inmortal. Ahora lo eres, y esto forma parte de tu legado. Es tu herencia, y por esto también te recordaremos. Además, que te debo varios relatos de 45, que hace tiempo que no "invaden" este blog. Pero, como lo prometido es una deuda impagable, estoy dispuesto a cumplirlo.
De hecho, estaba trabajando yo en uno, y espero que vea la luz pronto. Algunas veces me preguntabas: ¿Cuándo escribes un nuevo relato de 45? Y te respondí que tenía uno en la mente, y te di el título: 45 y la Ecuación de Drake y está dedicado a ti, porque has conseguido lo que muchos anhelan: ser inmortal, como tú ya lo serás siempre: Inmortal.
Antonio "Tusitala" Siempre Inmortal
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Inmortales
7 may 2014
Era una
noche del mes
de mayo,
azul y serena.
sobre el
agudo ciprés
brillaba la
luna llena,
Iluminando
la fuente
en donde el
agua surtía
sollozando
internamente.
solo la
fuente se oía.
Después, se
escuchó el acento
de un oculto
ruiseñor.
quebró una
racha de viento
la curva del
surtidor.
Y una dulce
melodía
vagó por
todo el jardín:
entre los
mirtos tañía
un músico su
violín.
Era un
acorde lamento
de juventud
y de amor,
para la luna
y el viento,
el agua y el
ruiseñor.
“El jardín
tiene una fuente
y la fuente
una quimera …”,
cantaba una
voz doliente,
alma de la
primavera.
Calló la voz
y el violín
apagó su
melodía.
quedó la
melancolía
vagando por
el jardín.
sólo la
fuente se oía.
(Del
gran Antonio Machado a Juan Ramón Jiménez)
Para ti, NUESTRO GRAN
ANTONIO.
Serás esa fuente que siempre se oirá en nuestros corazones.
Serás esa fuente que siempre se oirá en nuestros corazones.
Maribel
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Purru-Poesía
4 may 2014
Tusitala querido...
Llegaste a nuestras vidas a golpe de libros y letras
Buenos ratos, copiosas viandas y viejos vinos al lado de singulares amigos
Mucho de lo que fantasear, tanto de lo que hablar...
Buenos tiempos para la lírica.
Tusitala querido.
Y ahora...
¿Quién nos va a contar historias en las que todos parecen ser pero no son
y nadie es lo que parece?
¡Esa era tu especialidad!
Pero finalmente y en un afán de seguir al pié del cañón, te convertiste en lobo.
Y con eso nos quedamos.
Siempre serás nuestro lobo feroz favorito.
Te queremos
Buenos ratos, copiosas viandas y viejos vinos al lado de singulares amigos
Mucho de lo que fantasear, tanto de lo que hablar...
Buenos tiempos para la lírica.
Tusitala querido.
Y ahora...
¿Quién nos va a contar historias en las que todos parecen ser pero no son
y nadie es lo que parece?
¡Esa era tu especialidad!
Pero finalmente y en un afán de seguir al pié del cañón, te convertiste en lobo.
Y con eso nos quedamos.
Siempre serás nuestro lobo feroz favorito.
Te queremos
´´ADIÓS LOBITO. ADIÓS´´
Antes de la
llegada del verano, en plena primavera, te vas.
Cuando el campo
está más bonito que nunca.
Cuando los
pájaros hacen sus nidos y las hormigas salen de sus laberínticos hogares...Tú
nos dejas.
¡Y quedan tantas
cosas pendientes!
El libro de
relatos cortos a tres manos (Lupe tú y yo) sobre un mismo personaje y desde
tres puntos de vista...¿Te acuerdas?
Nuestras partidas
de golf. En las que me darías clases magistrales...
Un buen tapeo por
aquí o allá. Una conversación sobre esto o lo otro.
Pequeñas grandes
cosas que tenemos que posponer.
Dejas unos hijos.
Seguro que algún árbol habrás plantado. Pero nos privaste del libro.
Tuviste una
ocasión de participar en el de los Zarigüeyos, y no quisiste por solidaridad.
Algunos sabemos con quien...Generoso y recto. Siempre me gustó tu manera de ver
las cosas.
Nos hemos dicho
ADIÓS, sin decir nada. Me miraste un momento, con intensidad. Seguro que
quisiste hablarme, pero no era necesario. Las palabras a veces no expresan
nada.
¿Sabes? En ese
momento descubrí que tus ojos eran negros, muy negros y penetrantes...
Eran los ojos de
un LOBO BUENO. Que no se come a la abuelita ni a nadie. Que no es el del
cuento, ni tampoco el de mi relato.
Yo seguiré
escribiendo en tu blog. Ese que creaste y que nos dio tantas satisfacciones a
los Zarigüeyos. No dejaré que muera.
Allí siempre vamos a estar todos juntos y revueltos.
ADIÓS LOBITO. ADIÓS.
La abuelita.
Mayo
2014
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Grumpy-Relatos
11 abr 2014
“Un huevo de Pascua con sorpresa”
Los niños salieron corriendo de la casa. Aunque el día era lluvioso y triste, ellos, ni lo notaron. Tuve que perseguirles con las botas de goma en una mano y los impermeables en la otra. Su padre ya había puesto el 4X4 en marcha y apenas tuve tiempo de meter todo en el maletero, cuando el coche abandonaba el jardín para dirigirse al bosque cercano.
El día anterior, habíamos estado ocultando huevos y golosinas en la zona que considerábamos “nuestra”. Un trozo de bosque que nadie visitaba, quizás por lo difícil de llegar allí, o por lo que fuere. El caso es que estábamos seguros de que todo lo escondido estaría en su sitio para que los chicos lo encontraran.
La mañana la pasé organizando la comida de Pascua, adornando la casa y preparando la chimenea para asar las castañas. El asado estaba hecho del día anterior y solo quedaba preparar unos sándwiches de pepino para el aperitivo. Los padres de Henry no tardarían en llegar y yo no quería dar pie a mi suegra para que pudiera ironizar sobre el desmadre que según “ella” era nuestra casa.
Llegaron puntuales, tanto, que estoy convencida de que estuvieron esperando en el camino antes de llegar a casa para entrar a la hora acordada. Las doce en punto.
Dorothy trajo su famosa tarta de frutas del bosque, y Malcom no había olvidado su botella de “sherry” para el aperitivo.
Enseguida mi suegro se ocupó en extender la mesa del comedor y me ayudó a poner platos, cubiertos etc. Entretanto mi suegra desgranaba todo un muestrario de quejas, dolores y achaques sin fin, mientras miraba de reojo el reloj de la chimenea, en un mudo reproche a los absurdos horarios de comer, que en mi familia teníamos. Afortunadamente la bocina del coche de Martin, nos avisó de que estaban ya entrando en el jardín de casa. Solo eran las doce y media, tardísimo para mi suegra, normal para nosotros.
Martin júnior, había recolectado montón de coloridos huevos y chuches. Su cesta estaba a rebosar. Denis no había tenido tanta suerte. Solo unas cuantas chocolatinas, tres de los huevos decorados por mí y un cuarto huevo sin decorar, este, bastante más grande de lo habitual estaba cubierto de barro y ramas secas. Yo no lo había escondido, no era nuestro, en todo caso del año anterior...Le dije a Denis que lo tirara al fuego o a la basura.
La comida trascurrió placida y agradable. A la hora del coñac, nos trasladamos todos alrededor de la chimenea. Más tarde, después del té, asaríamos las castañas.
Y de pronto...El grito de Dorothy fue terrible, se había levantado del sillón y señalaba la chimenea con un dedo sin poder articular palabra. No sabíamos que pasaba, pero intentamos calmarla, ella, siguió haciendo grandes aspavientos, y empezó a retroceder tratando de escapar. En su torpe huida se enredó con la alfombra, y su cabeza fue a dar contra el cubre fuegos de bronce de la chimenea. Allí mismo dejó todos sus achaques para siempre.
---------------------------------------
La extraña criatura, nacida al calor de la lumbre, está siendo estudiada por científicos especialistas de la N.A.S.A. Estos aun no han determinado a que especie pertenece.
Denis insiste que es su “Gremlin” y quiere recuperarlo a toda costa. Mientras tanto, le hemos comprado una iguana para que se consuele. La llama Dorothy.
M.L. Pino Abril 2014
Los niños salieron corriendo de la casa. Aunque el día era lluvioso y triste, ellos, ni lo notaron. Tuve que perseguirles con las botas de goma en una mano y los impermeables en la otra. Su padre ya había puesto el 4X4 en marcha y apenas tuve tiempo de meter todo en el maletero, cuando el coche abandonaba el jardín para dirigirse al bosque cercano.
El día anterior, habíamos estado ocultando huevos y golosinas en la zona que considerábamos “nuestra”. Un trozo de bosque que nadie visitaba, quizás por lo difícil de llegar allí, o por lo que fuere. El caso es que estábamos seguros de que todo lo escondido estaría en su sitio para que los chicos lo encontraran.
La mañana la pasé organizando la comida de Pascua, adornando la casa y preparando la chimenea para asar las castañas. El asado estaba hecho del día anterior y solo quedaba preparar unos sándwiches de pepino para el aperitivo. Los padres de Henry no tardarían en llegar y yo no quería dar pie a mi suegra para que pudiera ironizar sobre el desmadre que según “ella” era nuestra casa.
Llegaron puntuales, tanto, que estoy convencida de que estuvieron esperando en el camino antes de llegar a casa para entrar a la hora acordada. Las doce en punto.
Dorothy trajo su famosa tarta de frutas del bosque, y Malcom no había olvidado su botella de “sherry” para el aperitivo.
Enseguida mi suegro se ocupó en extender la mesa del comedor y me ayudó a poner platos, cubiertos etc. Entretanto mi suegra desgranaba todo un muestrario de quejas, dolores y achaques sin fin, mientras miraba de reojo el reloj de la chimenea, en un mudo reproche a los absurdos horarios de comer, que en mi familia teníamos. Afortunadamente la bocina del coche de Martin, nos avisó de que estaban ya entrando en el jardín de casa. Solo eran las doce y media, tardísimo para mi suegra, normal para nosotros.
Martin júnior, había recolectado montón de coloridos huevos y chuches. Su cesta estaba a rebosar. Denis no había tenido tanta suerte. Solo unas cuantas chocolatinas, tres de los huevos decorados por mí y un cuarto huevo sin decorar, este, bastante más grande de lo habitual estaba cubierto de barro y ramas secas. Yo no lo había escondido, no era nuestro, en todo caso del año anterior...Le dije a Denis que lo tirara al fuego o a la basura.
La comida trascurrió placida y agradable. A la hora del coñac, nos trasladamos todos alrededor de la chimenea. Más tarde, después del té, asaríamos las castañas.
Y de pronto...El grito de Dorothy fue terrible, se había levantado del sillón y señalaba la chimenea con un dedo sin poder articular palabra. No sabíamos que pasaba, pero intentamos calmarla, ella, siguió haciendo grandes aspavientos, y empezó a retroceder tratando de escapar. En su torpe huida se enredó con la alfombra, y su cabeza fue a dar contra el cubre fuegos de bronce de la chimenea. Allí mismo dejó todos sus achaques para siempre.
---------------------------------------
La extraña criatura, nacida al calor de la lumbre, está siendo estudiada por científicos especialistas de la N.A.S.A. Estos aun no han determinado a que especie pertenece.
Denis insiste que es su “Gremlin” y quiere recuperarlo a toda costa. Mientras tanto, le hemos comprado una iguana para que se consuele. La llama Dorothy.
M.L. Pino Abril 2014
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20 mar 2014
EL JARDIN DE LOS RECUERDOS
“El jardín de los recuerdos”
En “El jardín del Capricho” te topas con todo tipo de plantas, árboles, arbustos. Habitantes peludos de cola larga, pájaros, e insectos y los festivos también con los HUMANOS.
Me dirijo al muro que da a la carretera. Estoy segura de encontrarlas allí.
Esta parte del jardín no es muy conocida, o quizás no es tan apetecida como las zonas de paseo. Esta hay que buscarla, hay que desearla. Yo cada primavera vengo a ella, y rastreo en mis recuerdos mezclados con el perfume de entonces.
Los rosales trepadores cubren la tapia, al otro lado, los coches, las motos, el otro parque.
Los capullos están a punto de abrirse, a punto, pero no lo han hecho. Aspiro el aire, deseosa de que su perfume penetre en mis pulmones. Intento vano, lo sé, pero yo sigo en mi empeño de que las rosas de té, me indiquen con su fragancia, que están aquí de nuevo como cada año. Ansío el aroma de mi niñez.
Entonces teníamos tres o cuatro rosales de los llamados de té. Igualmente trepaban por la tapia (en este caso divisoria con el chalet de al lado) Eran unas rosas más bien escuálidas, con muy pocos pétalos. Realmente no eran muy bonitas. En otro lugar del jardín, papá cultivaba otro tipo de rosas, mucho más apretadas, coloridas, magnificas. Pero no olían igual. El perfume exquisito era el de los rosales amarillos.
Y aquí estoy de nuevo, con la estación recién estrenada, reviviendo aquellos años de niña, de adolescente. Y oigo a mi padre “Corta unas cuantas a mamá, ya sabes que son sus preferidas” Yo apartaba las telas de araña que las defendían bravamente de su más que posible amputación, y siempre me pinchaba al cortar cada tallo, e invariablemente chupaba la gota de sangre de mi dedo, con ese raro sabor a no se qué.
En un recodo de la tapia descubro las primeras rosas abiertas, son pequeñitas casi raquíticas, me acerco y casi tengo que ponerme de puntillas para llegar a ellas, también hay telas de araña, pero no las destruyo, pongo mi nariz entre sus pétalos, el perfume es muy tenue, nada que ver con el de antaño, aun así, aviva mis recuerdos, las acaricio con disimulo, miro a un lado y a otro, no hay nadie por allí. Saco mis pequeñas tijeras y corto tres rosas amarillas, las escondo en mi bolso y escapo con mi pequeño botín. Por el camino tengo que chupar la sangre que resbala de uno de mis dedos.
Hace un día estupendo para ir al otro jardín en el que descansa mamá...
M. Luisa Pino
Marzo 2014
En “El jardín del Capricho” te topas con todo tipo de plantas, árboles, arbustos. Habitantes peludos de cola larga, pájaros, e insectos y los festivos también con los HUMANOS.
Me dirijo al muro que da a la carretera. Estoy segura de encontrarlas allí.
Esta parte del jardín no es muy conocida, o quizás no es tan apetecida como las zonas de paseo. Esta hay que buscarla, hay que desearla. Yo cada primavera vengo a ella, y rastreo en mis recuerdos mezclados con el perfume de entonces.
Los rosales trepadores cubren la tapia, al otro lado, los coches, las motos, el otro parque.
Los capullos están a punto de abrirse, a punto, pero no lo han hecho. Aspiro el aire, deseosa de que su perfume penetre en mis pulmones. Intento vano, lo sé, pero yo sigo en mi empeño de que las rosas de té, me indiquen con su fragancia, que están aquí de nuevo como cada año. Ansío el aroma de mi niñez.
Entonces teníamos tres o cuatro rosales de los llamados de té. Igualmente trepaban por la tapia (en este caso divisoria con el chalet de al lado) Eran unas rosas más bien escuálidas, con muy pocos pétalos. Realmente no eran muy bonitas. En otro lugar del jardín, papá cultivaba otro tipo de rosas, mucho más apretadas, coloridas, magnificas. Pero no olían igual. El perfume exquisito era el de los rosales amarillos.
Y aquí estoy de nuevo, con la estación recién estrenada, reviviendo aquellos años de niña, de adolescente. Y oigo a mi padre “Corta unas cuantas a mamá, ya sabes que son sus preferidas” Yo apartaba las telas de araña que las defendían bravamente de su más que posible amputación, y siempre me pinchaba al cortar cada tallo, e invariablemente chupaba la gota de sangre de mi dedo, con ese raro sabor a no se qué.
En un recodo de la tapia descubro las primeras rosas abiertas, son pequeñitas casi raquíticas, me acerco y casi tengo que ponerme de puntillas para llegar a ellas, también hay telas de araña, pero no las destruyo, pongo mi nariz entre sus pétalos, el perfume es muy tenue, nada que ver con el de antaño, aun así, aviva mis recuerdos, las acaricio con disimulo, miro a un lado y a otro, no hay nadie por allí. Saco mis pequeñas tijeras y corto tres rosas amarillas, las escondo en mi bolso y escapo con mi pequeño botín. Por el camino tengo que chupar la sangre que resbala de uno de mis dedos.
Hace un día estupendo para ir al otro jardín en el que descansa mamá...
M. Luisa Pino
Marzo 2014
14 dic 2013
Don Quijote (monólogo)
-¡Ay Sancho! Mi viejo y querido Sancho ¿Sabes qué? Estoy melancólico, triste como perro que ya no puede correr detrás de los conejos, ni siquiera de los gatos y achacoso y viejo ya, solo los sueña. Sí, me siento así y no se por qué...Quizás el saber que ya termina otro año me pone triste, me pregunto si en el que viene, las gentes seguirán sabiendo quienes somos o si olvidaran nuestras proezas, nuestras aventuras, si en algún momento dejarán de identificarse con nosotros y de ver en ti y en mí a cualquier español de ahora o de antes.
También las nuevas generaciones me preocupan, igual ya no leen nuestras aventuras. Ahora están demasiado ocupados con las tablets, los móviles y tanto cachivache que les entretiene y pienso ya, nunca les interesarán las hazañas de los caballeros andantes. Ellos ahora tienen héroes extraños, que cuanto más feos son y más barbaridades hacen más admiradores tienen... ¿Sabes? Estoy seguro que piensan que nosotros estamos trasnochados.
Y luego está eso de cambiar cada poco de formas de estudio, para mí, que cada vez van a peor...¡Fíjate que ahora solo estudian su historia y geografía local! No les interesa para nada lo que ocurre fuera de su provincia, que ahora la llaman Comunidad, sabe Dios por qué... ¿No es de locos? Tu piensa que ahora no quieren saber nada del río que no pasa por su pueblo y si pudieran, no dejarían que el suyo siguiera su curso hacia otra “comunidad”...¿No crees que están chiflados?
¡Con lo bueno que es compartir, conocer otros lugares, otras gentes y sentirlas como tuyas y salvar bellas damas de peligros sin fin y siempre dentro de esta querida tierra, que es toda nuestra España! Y recorrerla a lomos de este airoso jamelgo contigo, montando a ese pobre borrico. ¿A que lo hemos disfrutado?. En cambio ahora, los chicos solo piensan en estar conectados a su artilugio último modelo, no les interesa viajar ni frecuentar a nadie y lo más curioso es que creen tener cientos de amigos dentro de esas maléficas máquinas. Y los pobres no conocen a nadie...
No se a tí, pero a mí me gustaría que las gentes siguieran viniendo a visitarnos allá, a nuestra querida tierra de La Mancha y también aquí en Madrid, a estos jardines de la Plaza de España que nos acogen desde hace varios lustros. Que espero no nos la cambian el nombre por algo así como Plaza de la Comunidad Autónoma, de yo que se qué...Porque ¿Sabes? Ahora eso de España, molesta a algunos políticos mentecatos...
Sancho, Sancho, cuanta historia ha pasado ante nuestros ojos, de tantas cosas fuimos testigos desde estos pedestales. Tantos devenires, buenos y malos, que de todo hubo, pero que a fuer de ser sincero yo diría que las más de las veces fueron buenos, porque esta nuestra querida tierra Sancho, con esto que llaman el progreso ha mejorado en muchas cosas. Si amigo, a mi me gusta ser como ahora, estar como estamos, con nuestra diversidad que no es poca, pero sin ser mejores o peores por haber nacido en nuestra querida aldea, en aquel lugar que no consigo recordar el nombre... o en cualquier otro sitio.
Después de todo ¿qué más da? con este mundo que parece se nos ha encogido. Si Sancho, se ha quedado pequeñito...Fíjate, que vienen esas gentes de ojos como rajas de melón recién cortado, de China, que antes estaba lejísimos y ahora, salen de sus casas y en unas pocas horas ya están aquí. Es cosa de magia.
Y esto me hace pensar que somos insignificantes. Antes creía que nuestra tierra era la más grande del universo y yo el caballero más aguerrido de todos los tiempos. Sancho, solo soy un lugareño y nuestra tierra, un granito de arena comparado con el resto del mundo que aunque no lo creas es grande y pequeño a la vez.
Pero todavía hay necios que no lo han comprendido y sostienen que el lugar donde nacieron es mejor que el de al lado y su lengua más bonita y algunos hasta son capaces de matar por esas cosas...Esos me preocupan Sancho, tan trasnochados, tan pueblerinos.
Y a ti ¿Qué te parece todo esto querido amigo? ¿No contestas? Ya veo, los años te han regalado el don de la prudencia...
¡Ay! ¡Qué solo me encuentro a veces en medio de tantas gentes! Y que frío me entra en el corazón cuando olvido que solo soy un pobre chiflado.
¿Otra vez te has dormido? Pues cuando despiertes y veas como te han puesto las putas palomas...
M. Luisa Pino dic. 2013
-¡Ay Sancho! Mi viejo y querido Sancho ¿Sabes qué? Estoy melancólico, triste como perro que ya no puede correr detrás de los conejos, ni siquiera de los gatos y achacoso y viejo ya, solo los sueña. Sí, me siento así y no se por qué...Quizás el saber que ya termina otro año me pone triste, me pregunto si en el que viene, las gentes seguirán sabiendo quienes somos o si olvidaran nuestras proezas, nuestras aventuras, si en algún momento dejarán de identificarse con nosotros y de ver en ti y en mí a cualquier español de ahora o de antes.
También las nuevas generaciones me preocupan, igual ya no leen nuestras aventuras. Ahora están demasiado ocupados con las tablets, los móviles y tanto cachivache que les entretiene y pienso ya, nunca les interesarán las hazañas de los caballeros andantes. Ellos ahora tienen héroes extraños, que cuanto más feos son y más barbaridades hacen más admiradores tienen... ¿Sabes? Estoy seguro que piensan que nosotros estamos trasnochados.
Y luego está eso de cambiar cada poco de formas de estudio, para mí, que cada vez van a peor...¡Fíjate que ahora solo estudian su historia y geografía local! No les interesa para nada lo que ocurre fuera de su provincia, que ahora la llaman Comunidad, sabe Dios por qué... ¿No es de locos? Tu piensa que ahora no quieren saber nada del río que no pasa por su pueblo y si pudieran, no dejarían que el suyo siguiera su curso hacia otra “comunidad”...¿No crees que están chiflados?
¡Con lo bueno que es compartir, conocer otros lugares, otras gentes y sentirlas como tuyas y salvar bellas damas de peligros sin fin y siempre dentro de esta querida tierra, que es toda nuestra España! Y recorrerla a lomos de este airoso jamelgo contigo, montando a ese pobre borrico. ¿A que lo hemos disfrutado?. En cambio ahora, los chicos solo piensan en estar conectados a su artilugio último modelo, no les interesa viajar ni frecuentar a nadie y lo más curioso es que creen tener cientos de amigos dentro de esas maléficas máquinas. Y los pobres no conocen a nadie...
No se a tí, pero a mí me gustaría que las gentes siguieran viniendo a visitarnos allá, a nuestra querida tierra de La Mancha y también aquí en Madrid, a estos jardines de la Plaza de España que nos acogen desde hace varios lustros. Que espero no nos la cambian el nombre por algo así como Plaza de la Comunidad Autónoma, de yo que se qué...Porque ¿Sabes? Ahora eso de España, molesta a algunos políticos mentecatos...
Sancho, Sancho, cuanta historia ha pasado ante nuestros ojos, de tantas cosas fuimos testigos desde estos pedestales. Tantos devenires, buenos y malos, que de todo hubo, pero que a fuer de ser sincero yo diría que las más de las veces fueron buenos, porque esta nuestra querida tierra Sancho, con esto que llaman el progreso ha mejorado en muchas cosas. Si amigo, a mi me gusta ser como ahora, estar como estamos, con nuestra diversidad que no es poca, pero sin ser mejores o peores por haber nacido en nuestra querida aldea, en aquel lugar que no consigo recordar el nombre... o en cualquier otro sitio.
Después de todo ¿qué más da? con este mundo que parece se nos ha encogido. Si Sancho, se ha quedado pequeñito...Fíjate, que vienen esas gentes de ojos como rajas de melón recién cortado, de China, que antes estaba lejísimos y ahora, salen de sus casas y en unas pocas horas ya están aquí. Es cosa de magia.
Y esto me hace pensar que somos insignificantes. Antes creía que nuestra tierra era la más grande del universo y yo el caballero más aguerrido de todos los tiempos. Sancho, solo soy un lugareño y nuestra tierra, un granito de arena comparado con el resto del mundo que aunque no lo creas es grande y pequeño a la vez.
Pero todavía hay necios que no lo han comprendido y sostienen que el lugar donde nacieron es mejor que el de al lado y su lengua más bonita y algunos hasta son capaces de matar por esas cosas...Esos me preocupan Sancho, tan trasnochados, tan pueblerinos.
Y a ti ¿Qué te parece todo esto querido amigo? ¿No contestas? Ya veo, los años te han regalado el don de la prudencia...
¡Ay! ¡Qué solo me encuentro a veces en medio de tantas gentes! Y que frío me entra en el corazón cuando olvido que solo soy un pobre chiflado.
¿Otra vez te has dormido? Pues cuando despiertes y veas como te han puesto las putas palomas...
M. Luisa Pino dic. 2013
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6 dic 2013
“Luces y Sombras”
El telón cae y
los aplausos del público llenan el teatro. Sube y vuelve a bajar. Ella,
continúa tendida en el suelo. Su precioso vestido blanco poco a poco se tiñe de rojo y un hilillo de sangre resbala por su corpiño hasta
caer al suelo.
Desde algún lugar escondido entre bambalinas alguien
susurra “Se han pasado con la sangre
¿Cómo limpio yo el vestido para mañana?”
El telón
comienza a subir de nuevo, en ese momento es cuando vuelvo a la realidad. No sé como, el chico encargado del mismo
entiende lo que mis manos dicen y consigo que baje el cortinón. Me acerco a Yolanda y la tomo el pulso, es muy leve. En ese
momento el punto de luz que nos ilumina se apaga y solo las candilejas dejan
entrever lo que es el final de la obra y
el comienzo de una verdadera tragedia.
Los ensayos
habían comenzado tres semanas antes. Estrenábamos a las afueras de Madrid, en
uno de tantos teatros que los ayuntamientos patrocinan. Habíamos decidido que
haríamos una especie de pre-estreno al aire libre aprovechando un parque que
hay en la zona. Queríamos experimentar como el publico de la calle reacciona
ante una obra clásica, con una puesta en escena vanguardista.
Todo fue bien,
excepto el calor. En agosto el sol despedía fuego y nos achicharraba a todos
por igual. La pobre Yolanda era la que mas lo sufría, con aquel vestido largo,
lleno de puntillas y enaguas, tela sobre tela...Aunque se resguardaba debajo de
la sombrilla que llevaba, enseguida sus mejillas se convirtieron en dos
amapolas y estaba bonita, si, muy bonita a pesar del calor.
La gente
agradecida por la puesta en escena gratis, fue generosa en sus aplausos y esto
nos hizo olvidar cualquier contrariedad, que siempre las hay, y satisfechos nos
fuimos todos a celebrar lo que parecía iba a ser un éxito seguro. Todos no,
Yolanda rehusó venir una vez más...Se marchó con su nuevo novio, el cual no la
dejaba ni a sol ni a sombra desde que apareció en su existencia.
Entre los componentes de la obra, teníamos un pacto, cada cual
vivía su vida siempre y cuando no afectara a la marcha del trabajo y aunque el
carácter de Yolanda había cambiado bastante desde que conoció a aquel hombre,
ella, seguía siendo una buena profesional. Claro que había dejado de ser la
divertida compañera de antes, la chica estupenda que me enamoró en el taller de
teatro donde nos conocimos años atrás. No había nada que reprochar, si acaso,
como podía haberse enamorado de aquel tipo que parecía haber aterrizado de
Marte. Pero ese ya no era mi problema. A veces me hubiera gustado averiguar si
sabía lo nuestro, si era un hombre celoso. Si la quería tanto como yo la
quise...Nunca me atreví a preguntarle nada y el tiempo fue pasando.
Durante los
ensayos en Madrid, tuvimos momentos en los que nos acercamos bastante, casi
parecía que habíamos conectado de nuevo, juraría que la chispa había resurgido
entre ambos, pero cuando llegaba él, espiando cada movimiento que hacíamos, de
nuevo la conexión se cortaba y una especie de frío gélido se instalaba entre
nosotros.
Recuerdo como me sorprendió el día que ensayamos la muerte
teatral de Yolanda, el interés que aquel hombre tenía en saber como funcionaba
la pistola de fogueo. Entonces me pareció más locuaz que nunca, hasta se enfrascó
en una larga conversación con el chico de atrezo que preparaba el arma y le comentó que quería dedicarse a los efectos especiales en el
mundo audio visual...
¿Por qué pienso
en todo esto? ¿Por qué tengo en mi mente fotografiado aquel momento? Allí sigue el recuerdo congelado en
mi memoria y aún puedo ver su mano acariciando la pistola, probándola...
Ahora el
revólver está en el suelo, allí cae cada función, donde yo lo arrojo después de disparar a Yolanda.
Ella sigue en el
escenario, hace poco que dejó de
respirar.
Los murmullos
del público han ido desapareciendo. Nadie se ha dado cuenta de la tragedia. El
teatro debe estar vacío, solo quedamos los de dentro.
Alguno de
nosotros avisará al Samur y a la policía... Seguro que alguien recoge la
pistola después de colocarse unos guantes de látex. Es la rutina de la
científica. Se dirigirá hacia a
mí...¿Podríamos hablar con vd?- dirá.
Y de nuevo un
invisible telón caerá sobre todos
nosotros...
M. Pino 2013
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29 nov 2013
¿Vamos a llevarnos
bien?
-¿Pero que te
has creído? ¡Has tomado esta casa por un hotel! ¿Donde has estado la noche
pasada? ¿Y el día anterior?- Le dije un tanto enfadada. Y seguí...
-Carolina, tu y
yo tenemos que hablar seriamente. Esto no puede seguir así. Sé que tu libertad
es lo más importante para tí, pero ¿y yo? No puedo estar continuamente
preocupada por no saber donde andas y por qué en ocasiones no vienes a dormir.
La convivencia tiene unas mínimas reglas de conducta y hay que respetarlas.-
Ella me ignoraba por completo y yo
continué hablando sola...
-Escucha,
acepto que salgas los fines de semana y que hasta algún día de diario regreses
tarde ¡pero tanto!...Sabes la cantidad de accidentes de tráfico que de viernes
a domingo llenan de muertos nuestras
calles. La gente se emborracha casi por sistema esos días. Además están la cantidad de gamberros que salen a la
calle a fastidiar sin ton ni son y algunos
hacen barbaridades solo por gusto. No me cuentes que estás protegida con
tus amigos, para mi que esos van a lo suyo y a saber… Tú eres un bocado
delicioso para cualquiera y debes cuidarte.
Mientras yo
hablo Carolina me mira un poco distraída, indiferente, sus grandes ojos no
pestañean, no expresan ningún tipo de arrepentimiento, parece que ni me
escucha. El sonido de la radio está muy
alto y en el debate de turno están comenzando a subir el tono de lo que empieza
a ser una pelea verbal y tengo que
apagarla para seguir con mi rosario de palabras enojadas sin tener que elevar
la voz.
Naturalmente
entiendo que cuando se decide tener en acogida a alguien, ya adulto, con
un modo de vida y comportamiento
diferente, es muy difícil tratar de reeducar y menos que se acople a tu estilo
de vida. Tampoco hay que olvidar que
ella ya no es tan inocente, solo hace
un año que fue madre primeriza…No
obstante creo que va demasiado a su rollo, es terriblemente independiente y a
veces egoísta. No se que qué debo
hacer... ¿Devolverla?
Ella sigue
estática, ensimismada, mientras yo me harto de hablar, está mas interesada en
mirar fijamente las faldas de la camilla que atender a mi persona.
¿Qué hay ahí?.
Con cautela subo las susodichas faldas y en un instante un mar de plumas vuelan
por toda la cocina, cuando consigo rescatar de las garras de Carolina lo que
queda del tordo, este está muerto.
Ya entiendo,
esto es lo que la ha tenido en vela toda la noche despreciando el calor del
hogar.
Recuerdo que
no hace mucho tiempo, solo cazaba de día, ahora también practica este deporte
en la noche. Eso sí, siempre tiene el detalle de transportar a casa sus
víctimas. Dicen que esto lo hacen para traer un regalo a la dueña de la casa, quizás para mostrar sus habilidades…No sé, yo prefiero que no me traiga tantos pájaros, ratones y culebras, nunca quise tener un mini -zoo.
Estoy
empezando a pensar que el ver juntas
los documentales de naturaleza no es buena idea, está enseñándole muchas cosas que antes no sabía. Esto unido a
los otros programas llenos de violencia y sangre de la tele, están convirtiendo
a mi dulce gatita en un cruel depredador que mata no por hambre y si por deporte.
“Exactamente
como los seres humanos”- parece decirme en su mudo lenguaje,- “ Los animales
domésticos llegamos a ser tan domésticos que
imitamos al hombre en todos sus hábitos y a la hora de cazar, también
matamos solo por el placer de matar”.
Irritada
conmigo, por no dejar que siga
desplumando al pobre pájaro, majestuosa, sin siquiera dirigirme una sola
mirada, pausadamente se dirige a la
puerta de la cocina y se cuela por la gatera, dejándome con la palabra en la
boca.
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22 nov 2013
UNA FRASE BRILLANTE
La frase completa
era la siguiente : El día que murió se supo que había estado profanando las
tumbas de su familia, de su mujer y en la de ella , descansaba desde hacía treinta años”.
El maestro, impertérrito, dio por terminada la clase después de lo dicho. Los alumnos quedaron alucinados, sin poder de reacción, y pensando como resolver el problema que se les planteaba, se fueron despidiendo y salieron de la clase en silencio.
En general pensaban que la frase a utilizar sí o sí en su próximo relato o cuento, era cuando menos original, pero un poquito complicada.
El maestro, impertérrito, dio por terminada la clase después de lo dicho. Los alumnos quedaron alucinados, sin poder de reacción, y pensando como resolver el problema que se les planteaba, se fueron despidiendo y salieron de la clase en silencio.
En general pensaban que la frase a utilizar sí o sí en su próximo relato o cuento, era cuando menos original, pero un poquito complicada.
En la calle se despidieron del profesor. Ni siquiera fueron a
tomar la cerveza de turno, seguro que más de uno le maldijo en silencio. Ella,
obsesionada y no sabiendo muy bien que hacer con la tarea, se fue apesadumbrada
a su casa.
Aquella noche tuvo pesadillas, una tras otra. Vio como el
profesor entraba en un recinto lleno de tumbas. Iba vestido con ropajes
oscuros, se desnudaba y se metía en un enorme sepulcro. Por alguna razón el
sueño se interrumpía y cuando se reanudaba, el docente estaba intentando
tumbarse dentro de un nicho, ahora llevaba un extraño pijama de cuadros
claramente escoceses, y un gorrito navideño calado hasta las orejas,. Como no conseguía su propósito de acostarse,
enfurecido la emprendía a hachazos con el mármol. Y otra vez la pesadilla se cortaba y cuando de nuevo el sueño profundo volvía, la alucinación seguía a
lo suyo, disparate tras disparate. Ahora
el hombre está sentado en el suelo, rodeado de trozos de mármol y de un
montón de velas encendidas. Entonces saca algo de debajo de la capa y lo coloca en el
suelo. Es un envoltorio plateado, lo abre y de este emerge una enorme tortilla
de patatas rodeada de pimientos verdes fritos.
El olor de la tortilla
despierta a la durmiente. “¡Solo es una pesadilla!” Se dice a si misma. Ahora se
le ha abierto el apetito, recuerda que no ha cenado, la preocupación por no
saber que escribir, el miedo al casi seguro castigo corporal del profesor, le
quitaron las ganas de comer.
Se levanta de la cama y va a la cocina. Allí arrasa con todas
las sobras del frigorífico, pero no hay tortilla.
Está amaneciendo una luz tenue se cuela por la ventana,
suficiente para que se pueda ver el montón de patatas peladas y cortadas. Ella
bate los huevos, mezcla las patatas, la media cebolla cortadita y pone todo en la sartén. Unos minutos más
tarde, ya saborea la tortilla.
Ahora está mucho mejor, ve la vida de otro modo y toma una
decisión que repite como un mantra una vez y otra. “No me voy a acojo...con lo
del relato. ¡A la mier...! Este jueves no pienso leer ningún escrito”.
Y se va a la cama...
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15 nov 2013
KATHAKALI
Aquella no
era ahora su cara y tampoco su
cuerpo.
Dos horas antes
era un hombrecillo corriente, de esos en los que no se repara aunque te los cruces cada día en algún lugar. Solo
habían pasado unos minutos y ya no era
él.
Sus coloridos y extravagantes ropajes, los
zapatos, todo le daban otra dimensión, pero sobre todo su cara, antes anodina
vulgar, había adquirido una personalidad llena de fuerza que resultaba
inquietante, especialmente sus ojos, puñales negros, clavándose en los míos y
obligándome a desviar la mirada.
Blanco níveo en
su cara, líneas negras, enormes, alrededor de sus ojos, marcas triangulares
desde el comienzo de sus mejillas hasta
las sienes y unas cejas grandiosas pintadas sobre las propias perdiéndose en el
infinito. Marcaba su barbilla una especie de medio plato de cartón blanco
pegado a sus orejas, lentes de contacto, un enorme gorro en forma de estupa y
la trasformación estaba servida.
Cuando el guía
me habló de la representación de la danza mítica hindú con más de cuatrocientos
años de antigüedad llamada Kathakali y la posibilidad de asistir a la
metamorfosis de un mortal a demonio o divinidad, todo ello en directo, con
proceso de maquillaje a la vista del público, me apunté rápido y conmigo otras
tantas gentes del grupo.
El teatrito
estaba en un barrio apartado de la ciudad de Cochin. Los actores y los otros
componentes del grupo teatral, eran gentes que luchaban para no perder la
tradición de sus mitos milenarios. No había lujos y pocas ganancias. La puesta
en escena era sencilla, pero efectiva.
Habíamos seguido toda la preparación desde la primera
fila. Me interesaba sobre manera un maquillaje tan alejado del que conocemos en
nuestro mundo occidental y la
oportunidad de hacer alguna pregunta técnica. Realmente me fascinó. Me
sorprendió saber que el blanco estaba hecho con cáscaras de huevo según una
receta antiquísima.
Enseguida empecé a tomar fotos, mi cámara atraída por la
intensidad que en cada paso del maquillaje iba adquiriendo el actor principal,
parecía tener vida propia y se disparaba sola. El zoom, automático, no me
permitía hacer otra cosa que apretados primeros planos y empecé a sentirme
incómoda. El hombre, ahora demonio, parecía actuar solo para mí. Sus ojos miraban
directamente al objetivo y taladraban los míos. Clic, Clic, mi dedo no
se despegaba del botón, estaba hipnotizada.
Al fin haciendo un gran esfuerzo conseguí cerrar la cámara. No
podía soportar su mirada que se colaba directamente en mi cerebro a través del
objetivo e intenté concentrarme en la obra, cosa harto difícil con la
explicación que nos dieron antes de su comienzo en un inglés terrible e
imposible de entender. Para librarme de ÉL, dirigí mi vista al otro personaje y traté de ignorarle. Pero sabía que sus ojos seguían
clavados en mí, que por alguna razón me estaba dedicando aquello. ¿Por qué?
Quizás por el interés que mostré mientras se maquillaba.
Me maldije a mi misma, quien me mandaría hacerle preguntas de
profesional. ¡Idiota! Eso es lo que soy ¿Y ahora? ¿Como me quito esa mirada de
encima?. Cada vez más nerviosa acerqué mi silla de tijera a la del guía y le
deslicé al oído alguna tontería. Así sabrá que estoy con el grupo, que no
estoy sola.¡Dios que paranoia tan estúpida. Solo es un actor actuando!
Pero algo en él se salía del personaje, era como si el otro se
hubiera apoderado del hombre y sus ojos, carbunclos encendidos me devoraban sin
compasión. No se cuanto
duró la obra, cuarenta o cincuenta
minutos, lo que es seguro que fueron los más largos que recuerdo.
Por fin el teatrito se llenó de aplausos largos y sinceros. Nosotros, los guiris, escasas doce personas, poco a poco empezamos a desfilar hacia la calle.
Por fin el teatrito se llenó de aplausos largos y sinceros. Nosotros, los guiris, escasas doce personas, poco a poco empezamos a desfilar hacia la calle.
. Allí respiré hondo. Me había librado de la pesadilla de sus ojos.
Dos calles mas arriba el autocar nos esperaba. Comentarios para todos los
gustos. Para algunos una completa
estupidez, para otros interesante y los menos decían que había sido brillante
A mí no me había dejado indiferente en absoluto, es más, tenía
una sensación de angustia agarrada al estómago de la que no podía desprenderme.
Alguien pasó a nuestro lado, un hindú insignificante, uno de
tantos. Se inclinó hacia mí “I´ll
see you in the hotel” - “ La veré en el hotel”- ¡Esa voz,
esos ojos! Instintivamente me cogí del
brazo del guía.
Aquella noche, a pesar de tener pagada una habitación single en
un lujoso hotel de Cochin , me las arreglé para no dormir sola.
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Grumpy-Relatos
5 nov 2013
FOBIA
Era una mujer
fuerte, grande y gorda, sobre todo gorda. Por alguna razón recordaba a las
gloriosas gorditas de Botero, aunque sin el encanto de las pinturas y
esculturas del artista...Esta era simple y llanamente una mujer exuberante. Su
pelo artísticamente recogido en una especie de moño muy historiado, caía en
profunda cascada sobre su redondeada espalda, parte de sus rizos delanteros
descansaban sobre sus voluminosos pechos y medio los escondían, medio los
realzaban. Sus vestidos de campesina adinerada, amplios y exagerados le
llegaban al suelo y esto por una razón u otra condicionaban sus movimientos por
lo que se limitaba a dar vueltas sobre si misma de tanto en cuanto. Tenía la
boca pintada de rojo pasión y de ella dejaba escapar increíbles gorgoritos, a
veces suaves, otras profundos y desgarrados, siempre acorde con el momento que
su delirio lo indicara.
Estaba subida en algo parecido a un escenario en la plaza de
un pueblo, con casas a ambos lados y al
fondo unas calles estrechas que llevaban a ninguna parte.
En medio del
gorgojeo, entraban por una de las calles un montón de campesinos que
contestaban a coro a la mujer a medida que el canto lo iba marcando, ella,
infaliblemente respondía con nuevos gorgoritos
gesticulando aparatosamente al
tiempo que giraba en su continuo movimiento. Más tarde los coros desaparecían
por el otro lado de la plaza cantando de nuevo antes de hacer el mutis. Yo
nunca asistí al final de esta actuación.
Doña Rosita era
la amiga más cursi de mi abuela, la recuerdo muy bien. Pequeña y delgada, con
pelo gris recogido en un moño bajo, vestida de negro y con unos lentes que se
abrían con un clic antes de ubicarlos sobre su prominente nariz, y que llevaba
colgando de un largo collar negro de azabache, que por cierto, me gustaba
bastante.
A mi siempre
me fastidió que me besaran, sobre todo la gente pesada, pero aquel día.
_ Para que vayas
haciendo amistad con la música clásica. Per antes tienes que darme un
recordatorio, ese del angelito con las ovejitas. Y también un beso.
Y yo, venciendo mi
animadversión y por el jodido interés, la besé, aun a sabiendas que me
pincharía su bigote, a sabiendas que me dejaría tufo a pachulí.
Ella me entregó
aquel paquete, envuelto en papel de manila color rojo, con olor a Doña
Rosita. Lo atrapé y salí corriendo.¿Qué por que lo
recuerdo? Pues porque mis futuros suegros, me han invitado a la primera opera
de este año en el Real y quieren saber si estoy interesada en que nos saquen un
abono (a su hijo y a mí) para la temporada. Ellos son grandes aficionados y se
desplazan por Europa para ver representaciones en las grandes capitales. Sé que
irán a Milán próximamente, ya le preguntaron a su hijo si nos gustaría ir...Y
claro, no puedo sacarme a Doña Rosita y su olor a pachulí de la cabeza.
El regalo
resultó ser una caja de música cursi y estúpida, con la cual yo jugaba de
tarde en tarde. No lo hacía para recrearme en la puesta en escena de la opera, ni para escuchar la
música, sí para poner a prueba mi rapidez en cortar la representación. Esto
ocurría justo en el momento que la soprano entonaba un canto a todas luces
triste y melancólico. En ese instante con un sincronismo digno de mejor empresa
y con un toque morboso difícil de explicar, de un golpe seco cerraba la
tapa y todos, campesinos gorda y
decorado quedaban encerrados en la estúpida caja que los albergaba. Por alguna
razón, esto me producía placer, era mi venganza contra Doña Rosita. Nunca les
permitía terminar su pobre actuación.
Contrariamente
al loable propósito que tuvo la amiga de mi abuela al intentar acercarme a la
opera en mi niñez, yo, que sin duda esperaba otro tipo de regalo, a día de hoy todavía no me he reconciliado
con las operas, es más, diría que las odio.
Esta noche
tendré que afrontar la situación de una vez por todas. Me juego mucho.
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Grumpy-Relatos
23 oct 2013
El
“El hombre que viajaba en metro”
Me gusta viajar en el metro cuando la hora punta ha pasado. Me
complace observar a la gente en su
diario ir y venir, e inventarme su vida a partir de una cara, un comportamiento
o un modo de vestir. Soy escritor y el metro de Madrid es para mí una fuente
inagotable de personajes y de historias.
Antes de comenzar un nuevo relato dedico más de una mañana a
la caza de ideas en este lugar y es a partir de las once de la mañana cuando
empieza mi ir y venir por la línea de
metro que he elegido previamente. Hoy es uno de esos días. Estoy sentado en una
de las esquinas del vagón, muy cerca de la puerta, desde aquí domino perfectamente el espacio, ya ha pasado el
aluvión de gente y los que quedamos, personas sin prisas sin un trabajo
aparente que nos obligue a madrugar, parecemos a simple vista gentes relajadas.
En uno de los asientos dormita un vagabundo, de uno de los
bolsillos de su raído gabán sobresale el cuello de una botella de lo que seguro
es vino barato, obviamente utiliza el metro para resguardarse del frío.
No muy lejos de él, un chico con la cabeza rapada vestido de cuero negro no le
quita ojo. El chico me produce un profundo desasosiego y sin perder de vista al
posible skinhead dirijo la mirada hacia otros puntos del vagón. En un rincón
alejado hay una chica sentada de espaldas a mí, hace un rato que intento pensar
en una historia que le cuadre, pero no veo su cara y trato de inventármela.
Pelo rubio escapando de un gorro de lana tejido a mano sin mucha gracia, abrigo
gris con el cuello subido, es todo lo que alcanzo a ver. Lo que atrae mi
atención es su quietud, lleva sin moverse unas cuantas estaciones, al menos
desde que yo la observo. Se habrá quedado dormida... Me gustaría ver su cara,
solo tengo que levantarme e ir hacia ella, pero no, parte de mi juego es
adivinar, elucubrar.
Hay otros viajeros, pero no captan mi atención al menos de
momento, son una masa gris sin ningún rasgo peculiar que les saque del
anonimato en el que les he agrupado.
Enfrente de mí un chico vestido de modo informal, -anorak negro,
pantalón vaquero, pelo largo y zapatillas de deporte caras-, lee un pequeño
libro que conozco muy bien “Firmin”.Sonrío recordando la vida de este roedor
...¡Ojalá yo pudiera escribir un libro así!. Por un momento pienso que puedo
entrar en la mente de este lector, en sus gustos ¿Interesantes? ¿Parecidos a
los míos?. No sé, lleva unos calcetines un tanto peculiares, de un amarillo
rabioso con rayas intercaladas en azul celeste y salpicados de pequeñas
calaveras negras. Nada que ver con mi estilo clásico.
El rapado se ha puesto en movimiento, da unos pasos e
intencionadamente tropieza con el borracho pisándole un pie con sus horribles
botas puntiagudas. Mis músculos se tensan, pienso en la que se puede organizar,
pero por fortuna el vagabundo solo se revuelve en el asiento, cambia de
posición y sigue durmiendo la borrachera. Todo el vagón está pendiente de la
escena y la tensión se puede cortar, el provocador mira a su alrededor en plan
chulesco - ¡CERDO!- grita. Escupe en el
suelo y se dirige a la puerta mas
cercana justo cuando el tren acaba de pararse, se abren las puertas y abandona el vagón.
Todos respiramos aliviados, ¿Todos?. La chica “esfinge” no se
ha movido, claro que posiblemente no se ha enterado de la escena, está algo
alejada y de espaldas...Mejor para ella.
Acaba de entrar un tipo con una guitarra, de esos que nunca
acaban de tocar una pieza completa pues van cambiando de vagón en cada parada.
Este se pone a cantar una famosa pieza, hace como si cantara en inglés, pero ni
una sola palabra de las que pronuncia es inglés en absoluto, ni ningún otro
idioma, ni siquiera es espanglish, aunque le pone empeño. Mi mirada se cruza
con la del de los calcetines de calaveras, él también parece asombrado de la
puesta en escena, a duras penas contengo la risa, que me sube a borbotones y
por poco me asfixia al tratar de evitar la carcajada. El chico de enfrente se
da cuenta de mi problema y mete la nariz
en el libro para no reír también, al fin
consigo contenerme como puedo y cuando pasa por mi lado el virtuoso le
doy una buena propina, ¡Ha conseguido ponerme de excelente humor!
Otras gentes van y vienen, pasan al lado de la chica esfinge
sin verla, como autómatas resbalan sus miradas inexpresivas hacia el suelo.
Ella sigue dormida ¿Se habrá pasado de estación? ¿A dónde irá?. Acaba de entrar
un hombre por la puerta cercana a mi favorita, alto con un gabán muy amplio,
tal vez excesivamente grande para su tamaño
. Se inclina sobre la
chica y le dice algo al oído mientras abre su abrigo y saca algo grande,
reluciente...
En un instante el horror se
adueña del vagón, la cabeza seccionada cae rodando por el suelo y los
ojos azules de la esfinge por fin me miran cara a cara. Un reguero de sangre va
manchando el suelo poco a poco, el pelo de la chica, ahora sin el ridículo
gorro de lana, también está ensangrentado. Los pensamientos más absurdos,
atropellados, pasan por mi mente. Sin poder de reacción, estamos todos
congelados.
El primero en moverse es el del libro, se ha levantado, veo
sus ridículos calcetines, sus zapatillas de marca acercándose hacia mí.
-Señores - dice levantando la voz - Les hemos estado grabando,
llevamos horas haciéndolo. Lo que aquí ha ocurrido es mentira, la chica es solo
una buena replica de látex, el hombre de la catana, el mendigo, el skinhead y
el cantante, actores. Todo ha sido una puesta en escena que formará parte de un
estudio sociológico sobre el comportamiento humano ante grandes o pequeños
sucesos inesperados. Es un programa que
hacemos para una cadena de televisión. Sus reacciones, gestos, todo, nos
serán de gran utilidad.
Ahora solo les pido que nos den su aprobación para que podamos
utilizar sus caras en este programa. Les pido disculpas por el engaño y les
doy las gracias.
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Grumpy-Relatos
18 oct 2013
El taller
“El taller”
La sala era
grande destartalada, un buen ejemplo de caos organizado. Atestada con una especie de muestrario de extraños
elementos y materiales esparcidos aquí
y allá.
Las estanterías
cubiertas de moldes de escayola apenas
se sostenían en pie. Cabezas, brazos y cuerpos olvidados, cubiertos de polvo,
aparentemente abandonados antes de su terminación y ahora, agrietados, mostraban parte de su estructura
interior entre el barro resquebrajado.
El techo
acristalado dejaba pasar la luz del incipiente día. Un rayo de sol se reflejó
en el metal que el hombre sostenía en su mano y le hizo volver a la realidad,
parpadeó y lentamente dejó caer el
punzón.
Cerró los ojos
tratando de visualizar aquel día ya tan lejano en el que todo comenzó. Se vio a
sí mismo conduciendo deprisa para atravesar la Casa de Campo en el menor tiempo
posible. Hacía tiempo que no le interesaba aquel parque tan deteriorado en los
últimos años, para nada le recordaba
al de su niñez, cuando las familias aún podían disfrutarlo sin peligro con
encuentros no deseados. Entonces los árboles parecían más majestuosos y bellos.
La carretera
que tomaba para llegar a Somosaguas se había convertido en una especie de ¨take
away¨ donde una fila interminable de coches compraba cualquier tipo de
mercancía; drogas, mujeres o chicos. El espectáculo era el habitual, pero aquel
atardecer algo le llamó la atención y le hizo frenar. La chica destacaba entre
todas, su cuerpo adolescente de
proporciones perfectas, estaba semi vestido con una falda que era más bien un
cinturón, piernas largas enfundadas en unas medias blancas que resaltaban sobre
su piel oscura, sujetas con un minúsculo liguero, zapatos rojos con tacones
inverosímiles y ojos todavía brillantes
y vivos...
No tardaron en
ponerse de acuerdo, él no quiso discutir el precio y ya dentro del coche trató
de hacerle entender que solo la necesitaba como modelo y que trabajaría para él
tres días por semana posando para una escultura, cosa que le reportaría un buen
sueldo que no debería rehusar. Y
Bhagani no rehusó y así comenzó la inesperada relación entre ambos.
Ella llegaba
puntualmente al estudio, se desnudaba y enseguida estaba lista para la sesión.
En el primer día que comenzó a trabajar
sobre la estructura que sería el cuerpo de la chica, aquello fue tomando forma,
el barro húmedo y viscoso se fue adhiriendo al alambre de gallina empujado con
fuerza y rapidez de mano experta y la figura enseguida adquirió vida,
sensualidad...
Entre el
escultor y su modelo se desarrolló una comunicación que iba más allá del
lenguaje. Ella apenas hablaba español pero se hacía entender lo suficiente para
sobrevivir en la calle y ahora, con un trabajo asegurado por algún tiempo, la
chica había iniciado el aprendizaje de palabras nuevas con un
librito que él le había regalado. También comenzó a preparar el té al estilo de
su país y él se acostumbró a tomarlo con montañas de azúcar y sin saber muy
bien como, se hizo goloso.
Las semanas
pasaban y ella aún se preguntaba por
qué posaba desnuda y con los
zapatos puestos tumbada en aquella
cheslón. Y por qué él la vestía antes de hacer el amor.
Un día el
escultor, comenzó a preocuparse por el futuro de Bhagani, no podía permitir que
volviera a su oscuro destino, no quería
aceptar que su obra de arte cayera en brazos de otros, pero era consciente de
los muchos años que les separaban y peor aún, del abismo cultural. Ninguno de
los dos encajaba en el puzzle de la vida del otro y empezó a obsesionarse
buscando una solución imposible.
Noche tras noche trataba de huir de sus pensamientos y no
pudiendo dormir, regresaba al taller.
Con rabia y desesperación añadía o quitaba trozos de arcilla de la escultura, sus dedos recorrían palmo a palmo las
incipientes caderas, los senos redondos,
deteniéndose en los pequeños pezones apenas terminados, y los rehacía de
nuevo mientras mentalmente le hacía el amor.
Cada día se iba angustiando más y más. Empezó a tomar medicamentos
para relajarse, y a pesar de estos, trabajando, creando, era del único modo que
podía olvidar su preocupación, y modelaba horas y horas, abstrayendo así su
mente. Solo cuando descansaba, volvía a tomar conciencia del problema y le daba
vueltas y vueltas, así, cuando llegó el momento de finalizar el contrato con la
chica, ya había encontrado la única salida.
Aquel viernes
ella había llegado como siempre feliz, despreocupada, cuando vio la figura casi
conclusa, palmoteó alegre ¨Bonito, mucho guapa” dijo, y comenzó a desnudarse...
Cinceles, palos
de modelar y herramientas varias se entremezclaban en la mesa de trabajo, entre ellas una raramente limpia y reluciente
con mango de madera torneado a mano y desgastado por el uso. La mano grande y fuerte del escultor, la agarró.
Bhagani de
espaldas no pudo ver como aquel rayo penetraba en sus costillas una y otra vez
y apenas pudo esbozar un grito de sorpresa. Un hilillo de sangre manchó sus
labios, ahora más rojos que nunca, hasta convertirse en vómito imparable.
El sonido del
metal cayendo al suelo le volvió a la realidad. En un instante habían desfilado
semanas por su cabeza, se miró la mano culpable aún crispada, se agachó, y
sentado en el suelo acunó con mimo el cuerpo sin vida de la chica.
Más tarde se
puso en movimiento. Lentamente esparció un saco de escayola sobre el suelo
manchado, una nube de polvo le hizo toser, en segundos el yeso absorbió el reguero de sangre quedando coloreado de
rojo. A su espalda, la escultura de
Bhagani le observaba desde la cuenca de sus ojos vacíos, su mirada le perseguía
más viva que nunca, y para neutralizar su presencia, tapó con un plástico su
obra.
En un anexo del taller ajustó la temperatura del inmenso horno
de fundición, lo dejó abierto y regresó. Recogió del suelo a la chica y con
ella en brazos volvió sobre sus pasos.
Cerró el horno y programó el tiempo de encendido en ocho horas. Con pasos vacilantes se dirigió
al servicio, del armario sacó la medicación a la que se había hecho adicto, ya
en el taller tomó un buen puñado de pastillas
y ayudado por una botella de coñac las tragó de una vez.
Luego se tumbó en la destartalada cheslón y apuró hasta la
ultima gota de licor.
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Grumpy-Relatos
8 oct 2013
"EL ALQUILER"
“El alquiler”
Mis tres huéspedes y mi único amigo se quedaron fuera en el vestíbulo, mientras yo inspeccionaba brevemente el apartamento.
Hacía unos meses que estaba vacío y aunque mi mujer y yo lo habíamos adecentado después de que se marcharan los últimos inquilinos, quería abrir las persianas para que la luz del sol otoñal inundara el salón y también el resto de la casa.
Mi amigo Antonio me había dicho que la gente a la que le interesaba el alquiler por un año eran de fiar, viejos conocidos de su pueblo. De otra manera yo no me hubiera decidido, es más, quería vender, después de aquel desastre que nos había dejado el ultimo vecino. Pero un año pasa pronto se podía intentar de nuevo, venderíamos más tarde.
Olía a cerrado, fui abriendo todas las ventanas del apartamento, inclusive las de la cocina, el dormitorio de servicio no tiene ventana a la calle, solo un pequeño tragaluz que da al patio de vecinos, encendí la luz, enseguida me di cuenta de que algo no estaba en su sitio. Yo tengo una gran memoria fotográfica. Era la silla, la ultima vez estaba justo al lado de la cama, ahora estaba debajo del ventanuco y este, abierto de par en par.
Y...¿esas manchas? Me puse las gafas. No, no podía ser, las limpié con la corbata y me las puse de nuevo... Un reguero de pisadas de color rojo intenso salían de debajo de la cama, seguían por el suelo de la habitación y escalando por la silla se perdían en la ventana.
Pasaron unos minutos, quizá segundos hasta que reaccioné. Me puse de rodillas y levanté con precaución la colcha que cubría la cama. Cuando vi la cabeza ensangrentada el terror me superó, y quise gritar ¡Antonio!. No lo conseguí, mi garganta no lograba emitir sonido alguno.
Esto es lo que conté a la policía. Han pasado seis días desde aquello y no se ha encontrado el resto del cuerpo, tampoco pistas ni huellas de ningún tipo. La policía me ha citado para declarar nuevamente, ya es la tercera vez y por alguna razón que no alcanzo a entender, sospechan de mí.
Antonio me ha aconsejado que lleve un abogado conmigo.
---------------------------------------------------------------
Han sido días, semanas, difíciles. Mi abogado ha conseguido sacarme de la prisión por falta de pruebas. Ahora toca empezar de nuevo. Sé que llevará un tiempo, pero conseguiré que mi mujer vuelva a mí con la lección aprendida.
Sí o sí tendrá que olvidar al que fue su amante. No le queda otra.
Octubre 2013 M. L. Pino
Mis tres huéspedes y mi único amigo se quedaron fuera en el vestíbulo, mientras yo inspeccionaba brevemente el apartamento.
Hacía unos meses que estaba vacío y aunque mi mujer y yo lo habíamos adecentado después de que se marcharan los últimos inquilinos, quería abrir las persianas para que la luz del sol otoñal inundara el salón y también el resto de la casa.
Mi amigo Antonio me había dicho que la gente a la que le interesaba el alquiler por un año eran de fiar, viejos conocidos de su pueblo. De otra manera yo no me hubiera decidido, es más, quería vender, después de aquel desastre que nos había dejado el ultimo vecino. Pero un año pasa pronto se podía intentar de nuevo, venderíamos más tarde.
Olía a cerrado, fui abriendo todas las ventanas del apartamento, inclusive las de la cocina, el dormitorio de servicio no tiene ventana a la calle, solo un pequeño tragaluz que da al patio de vecinos, encendí la luz, enseguida me di cuenta de que algo no estaba en su sitio. Yo tengo una gran memoria fotográfica. Era la silla, la ultima vez estaba justo al lado de la cama, ahora estaba debajo del ventanuco y este, abierto de par en par.
Y...¿esas manchas? Me puse las gafas. No, no podía ser, las limpié con la corbata y me las puse de nuevo... Un reguero de pisadas de color rojo intenso salían de debajo de la cama, seguían por el suelo de la habitación y escalando por la silla se perdían en la ventana.
Pasaron unos minutos, quizá segundos hasta que reaccioné. Me puse de rodillas y levanté con precaución la colcha que cubría la cama. Cuando vi la cabeza ensangrentada el terror me superó, y quise gritar ¡Antonio!. No lo conseguí, mi garganta no lograba emitir sonido alguno.
Esto es lo que conté a la policía. Han pasado seis días desde aquello y no se ha encontrado el resto del cuerpo, tampoco pistas ni huellas de ningún tipo. La policía me ha citado para declarar nuevamente, ya es la tercera vez y por alguna razón que no alcanzo a entender, sospechan de mí.
Antonio me ha aconsejado que lleve un abogado conmigo.
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Han sido días, semanas, difíciles. Mi abogado ha conseguido sacarme de la prisión por falta de pruebas. Ahora toca empezar de nuevo. Sé que llevará un tiempo, pero conseguiré que mi mujer vuelva a mí con la lección aprendida.
Sí o sí tendrá que olvidar al que fue su amante. No le queda otra.
Octubre 2013 M. L. Pino
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25 jun 2013
"Last drink"
Después me preguntó si tenía sed. Yo me incliné sobre ella y suavemente recogí con mi dedo una ultima gota que le resbalaba por el cuello. Me la llevé a los labios, luego besé los dos pequeños orificios apenas visibles y le dije que no, que mi sed estaba saciada. Le prometí volver y salí volando.
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