10 dic. 2010

“Los Magos de Oriente”

—Majestades, tenemos un problema.
Melchor miró inquisitivo al jefe de los camelleros y con un ligero movimiento de su mano derecha le indicó que siguiera hablando.
—Es relativo a la entrega de regalos en Madrid, España. Este año no va a ser posible llevarla a cabo.
— ¿Qué? ¿Qué dice usted? No diga tonterías— Balbuceó Baltasar emergiendo de entre una montaña de cartas.
—Calla Baltasar, deja que se explique— Dijo Melchor
—Pues eso, que no va a suceder. Los camelleros se niegan a ir allí. Dicen que el año pasado tuvieron muchos problemas con la entrega de juguetes, por lo de las obras que parece nunca terminan en las calles de Madrid. Dicen que se juegan el tipo con tanto agujero y que no están dispuestos a que ninguno de sus camellos termine con alguna pata rota, en fin, que no les compensa el riesgo con la mísera paga que les dan ustedes.
Gaspar había dejado resbalar sus gafas hasta la punta de la nariz y soltando la carta que leía dijo:
—Señor camellero, parece olvidar que nosotros somos magos y esas cosas no pueden afectarnos.
—Mire majestad. Ustedes serán todo lo magos que quieran, no lo voy a discutir, pero hay cosas que ni con toda la magia del mundo se arreglan. Nosotros somos los que hacemos el trabajo duro mientras ustedes son los que se llevan los honores y parabienes y para nuestra desgracia no somos mágicos en absoluto, es una noche de locos, en una ciudad con un tráfico terrible y todavía con calles sin terminar de arreglar, que si una zanja para la fibra óptica, que si otra para el gas... Majestades ¡Aquello no se termina nunca!
Melchor volvió a levantar la mano indicando al camellero que parara su verborrea creciente.
—Vamos, vamos, un poco de tranquilidad, no creo que sea para tanto. Ya sabemos que siempre están en obras allí, pero no será tan mala la cosa como para no poder hacer nuestro trabajo. ¿Verdad jefe camellero?
—Majestad, ya he dicho que es imposible. Ayer mis compañeros camelleros se reunieron en asamblea y decidieron no trabajar allí. No quieren poner en peligro la integridad de los camellos con un más que posible accidente, que por otra parte no les cubre el seguro que sus majestades les hacen, que se ha quedado anticuado y sirve para poco. Ellos y yo mismo, no podemos vivir currando una vez al año, y si no fuera por el trabajo que tenemos en las Islas Canarias paseando a turistas durante el resto del año, hace tiempo que estaríamos todos en un circo. Por esto y puesto que vivimos del otro trabajo, no pondremos en peligro nuestros camellos dando vueltas por Madrid.
Un silencio denso, que se podía cortar, invadió la jaima.
Melchor miró a sus compañeros que atónitos asistían a aquel insólito aviso de huelga. Gaspar había perdido su maravilloso color azabache que había pasado a un enfermizo tono ceniza. Y Baltasar se había quedado con la boca abierta de par en par como congelado y en su aparente falta de vida recordaba más que nunca la clásica figura de un Belén tradicional.
Melchor conteniendo a duras penas su enfado, señaló la puerta de la tienda al jefe camellero indicándole que se marchara. El hombre se inclinó y sin darles la espalda llegó al tapiz que cubría la entrada lo levantó y se perdió en la estrellada noche.
Los tres magos sin apenas dar crédito a lo que acababa de suceder se miraron unos a otros angustiados. La crisis había estallado.
— ¿Y ahora qué? — dijo Melchor —No podemos dejar a los niños sin juguetes.
—Pues que lo arregle el que ha organizado este follón, que creo es un tal Gallardón.
Melchor y Gaspar miraron con gesto de reprobación a su compañero ya que se tenían prohibido hacer pareados bajo ninguna circunstancia.
—Baltasar no digas sandeces. Hay que buscar soluciones. ¿Alguna idea?
—Si se trata de dinero, podríamos darles una prima extra por peligrosidad.
—No, imposible, ya andamos un poco cortos con tanto pedido— dijo Gaspar —Y tú Baltasar, ¿qué propones?
—Yo no sé qué decir, pues diga lo que diga, parece que siempre meto la pata.Y me gustaría recordaros que os advertí de que no era buena idea hacer a los camelleros autónomos.
—Sí, es cierto pero piensa que no podíamos sostener una plantilla de trabajadores tan grande todo el año para cubrir una sola noche. Ahora ellos hacen sus chapuzas y nosotros nos hemos librado de la bancarrota. Estaba pensando...estaba pensando...
(Gaspar tenía buenas ideas, pero era muy lento)
— ¡Venga suéltalo ya!— gritaron los otros magos.
—Pensaba que podemos llamar a Papá Noel para que nos eche una mano.
— ¡Anda ya! Que mano nos va a echar ese gordo que se está quedando con nuestro mercado, solo falta que se lo regalemos— Refunfuñó Baltasar.
— ¿De qué modo nos puede ayudar?— preguntó Melchor.
—Fácil. Le pediremos que nos lleve por el aire, él no toca el pavimento, y es el dueño de sus renos que le son fieles.
—Genial, genial, hay que contactar con él. Me debe un favor y es hora de cobrarlo. Por suerte su trabajo no coincide en el día con el nuestro. Le enviaremos una carta con uno de nuestros halcones enseguida.
— ¡Pues si hay que votarlo conmigo no contar! Es un tipo ridículo y lleno de colesterol. Menudo ejemplo para los niños...y no hablemos de su vestimenta hortera y lo peor es que cada año nos va ganando terreno, cada vez hay más hombrecitos rojos por todas partes y ya hasta los padres se visten como él y ya casi nadie como nosot...¿Pero dónde estáis? ¿No me oís…?
Baltasar se había quedado solo hablando, entonces se asomó a la entrada de la tienda y buscó a sus compañeros, las estrellas iluminaban la enigmática noche del desierto, y una especialmente hermosa, se había parado encima de la tienda donde guardaban a los halcones. Justo en ese momento los dos magos entraban a la carrera en la jaima y, solo unos segundos después, el halcón preferido de Gaspar, con un manuscrito anudado a su cuello, emprendía el vuelo rumbo a Finlandia.






2 comentarios:

  1. Zarigüeyos. Para los que esperaís cosas buenas de los "Magos"(que es lo suyo)que las obtengaís. Y para los que tienen dudas (pues es verdad que a veces se equivocan)que este año y el siguiente...etc...les traigan (al menos) la fé que perdieron en ellos. A todos que nos traigan lo que deseamos.Marisa

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  2. Marisa, gracias, ya nos leíste este relato hace unos años, en el Taller, cuando Javier. No has perdido la chispa de siempre, y se agradece. No has perdido la frescura. Sigue así.

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