10 dic. 2010

Carta a los Magos de Oriente

No quiero empezar esta carta con el típico “Queridos Reyes Magos”, no. Quereros no sé si os quiero mucho, pero reconozco que cada seis de enero, cuando me levanto, miro a mi alrededor y veo que todos estamos bien, me alegro enormemente.

Y es que, parece mentira la cantidad de cosas desagradables que me han sucedido en las fechas en que soléis pasar por aquí. Seguramente vosotros no os acordareis, pero en esta carta me apetece refrescaros la memoria.

Con solo doce años os pedí un EXIN-Castillos y ¿con qué me encontré al levantarme? Con mi primera regla. Por lo cual, supe que ya debía dejar de ser la pequeña que jugaba con muñecas y tuve que dar un salto más allá.

La pubertad se pasó sin pena ni gloria y sin regalos de Reyes. “Si no se cree no hay regalos” decían mis padres.

La juventud sin embargo pasó con más gloria que pena, exceptuando aquella ocasión en la que, coincidiendo con vuestra llegada, se malogró el embarazo que con tanto entusiasmo habíamos planificado. A partir de entonces temía la proximidad del seis de Enero.

La llegada de mis hijos me hizo recuperar la confianza en vosotros y nuevamente, os empecé a escribir. Pero, cual no sería mi sorpresa cuando, en vísperas del día de sus majestades, volvió a suceder. Aunque esta vez fuisteis sumamente crueles y os cebasteis con mi pequeño. Nunca podré olvidar su carita delante de vosotros en la habitación de hospital. Estaba tan malito…

Bueno, pero como la vida pasa y las cosas pasan porque tienen que pasar, yo erre que erre, os sigo escribiendo. Cada cinco de Enero sueño con que atendáis mi carta y paséis de largo dejándonos como estamos.

Lupita

1 comentario:

  1. Lupe, gracias por pensar en los demás, y continuar creyendo en los Reyes Magos. A mí, dejaron de regalarme cosas, hacia los diez años.

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