20 dic. 2010

Mi Carta a Los Reyes


Queridos Reyes Magos:

Como cada año, me dirijo a Sus Majestades con el propósito en primer lugar de felicitarles la Navidad y más concretamente con la esperanza de llevar a buen término una reclamación por daños y perjuicios por la tremenda confusión que tuvieron el año pasado y es que cuando dije que necesitaba bastantes cosillas, me sorprendió encontrarme varias cajas de rosquillas.

Superado el asombro inicial, decidí desarrollar su potencial mañanero, moja que te moja en el café, que normalmente tomaba a palo seco antes de irme a trabajar. Sin embargo al poco, resolví cambiar de taza por una más amplia, ya que se me acababa demasiado pronto y me dejaba a medio goce.

Un par de semanas de dicho ritual, bastaron para comenzar a notar que la cremallera de mis pantalones ya no subía con la misma alegría. De manera que para evitar remordimientos que impidiesen mi coqueteo con lo extrasensorial de mi nuevo trance y acabase de manera trágica, entré en fase de negación. Evitaba cualquier encuentro con los espejos, especialmente de cuerpo entero y al cuadrado si era sin ropa. Opté por desterrar al altillo de mi armario todo aquello que marcase más de dos michelines seguidos, a continuación me planté una camisa bien amplia y posteriormente me calcé unas mallas que al fin me permitieron dejar de contener la respiración. Viva el elastán!

Como las jornadas se me antojaban realmente largas entre desayuno y desayuno, instauré con gran criterio las meriendas los fines de semana y fiestas de guardar.

A Finales de Junio me convencí de que tampoco tenía tanta importancia no llegar a verse la puntita de los pies, las embarazadas estaban en ese estado 9 meses y se las veía muy felices. Por entonces yo era capaz de jugar a Introducir el dedo índice por el agujero de tan sublime pasta y conseguir darle al menos dos vueltas de mordisquitos a toda la circunferencia antes de que se partiese por algún lado.

No fueron muchas, no voy a mentir, eran mis joyas de la corona y no las iba a compartir con cualquiera. Pero a alguna reunión de las nuestras sí que las llevé y me lo agradecieron de lo lindo ¿Eh?. Aún recuerdo las caras de felicidad de los Zarigüeyos disfrutando de ellas entre tortillas, salmorejos, tomateras, quiches, Riberas, Riojas, Tequilas y algún que otro monstruo.

A Mediados de Noviembre apareció en mi buzón un panfleto publicitario de una clínica de cirugía estética, caído como del mismísimo cielo. Lo miraba, lo miraba y lo miraba, me miraba luego a mí y lo volvía a mirar. Sin lugar a dudas yo era la foto del “antes”, me podía reconocer aún sin verme la cara por el buche colgajoso, con sus alforzas y todo.
-¡Se acabó! Voy a ponerle solución de una vez por todas_ gritaba histérica por el pasillo mientras iba a buscar la cartilla del banco_ pero la muy cobarde se me echó a temblar y es que no hay derecho a que una tenga sus ilusiones y vengan unos señores de Oriente por muy Reyes sean y te pongan la vida del revés.

Así que visto que fue una negligencia suya y ha quedado sobradamente probado. Quisiera que me facilitasen los medios oportunos para poder someterme a una intervención quirúrgica de liposucción.

Bueno y una cosa no quita a otra, que para todo hay tiempo, así que entre que pasan las Navidades, las comidas de trabajo, las cenas con los amigos y se restablece la normalidad, no estaría mal si me pudiesen mandar otra caja de ROSQUILLITAS. ¿No?

Sinceramente Suya
Raquel

2 comentarios:

  1. ¡UMMMM!¡Ricas, Ricas!. Pero el flan del otro día... ¡Ese si que estaba RICO, RICO. MARISA

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  2. ¡¡¡¡Por fin escribes algo en el blog!!!!!, ésto hay que celebrarlo....Esperemos que no te hagan caso y no te manden las rosquillitas...No sé yo si lo llevarías con tanto humor como insinúas en tu carta ja, ja

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