21 jun. 2010

Sí había movil


Antonio había muerto de un infarto. Cayó fulminado sobre la mesa de la cocina sin poder probar las exquisitas setas de cardo que había recolectado el día anterior y que finalmente se carbonizaron . Cuando su mujer alertada por el olor a quemado se presentó en la cocina, un humo espeso salía del horno y las setas, negras como la brea estaban prácticamente desintegradas.
_ Pero Antonio, ¿Otra vez te has dormido? ¡Que se quema la cena!
Antonio no respondió, ni siquiera tosió a pesar del humo, ya nada le afectaba. Había cogido el sueño para siempre.
Loreto, su mujer, hizo lo que se esperaba de ella, todo menos ponerse de luto. Antonio fue incinerado, igual que sus famosas setas y con los restos llenaron una especie de ánfora, cursi como pocas, escogida por su mujer como a mala idea.
Antonio (lo que de él quedaba ) llevaba tres días presidiendo, junto al televisor y a su teléfono móvil, el mejor lugar de la cocina.
Su viuda se había hecho rápidamente a la idea de ser viuda, es más, se había quedado como “a gustito” después del deceso. Para ella quedaban lejos los años de aguantar un marido que se la pegaba con cualquiera, años de mentiras, de soledad en compañía, años que la habían convertido en un ser insensible a casi todo....
Aquel día era el primero que estaba sin gente alrededor. Por fin familia y amigos la dejaban en paz y para celebrarlo sacó unos langostinos del frigorífico y un buen trozo de carne para la plancha, se puso una copa de vino y la levantó hacía el ánfora.
_ ¡Va por ti Antonio! Ya era hora.
Y la vacío de un trago. Entonces reparo en el móvil que descansaba al lado de su dueño, puso un poco de sal en los langostinos, les dio la vuelta y cogió el teléfono de su marido. Había multitud de llamadas perdidas, pasó a los mensajes de voz, había varios de los últimos días, siempre la misma voz femenina...
“Cariño ,¿qué pasa que no me llamas...churri ,sigues enfurruñado conmigo?”
“Cari, si no me contestas pronto, soy capaz de llamar a la bruja de tu mujer...”
En este punto Loreto ya estaba bastante cabreada. Cerró el teléfono de golpe, respiro hondo como le habían enseñado a hacer en relajación y se sirvió otra copa, saboreo lentamente el vino, tan lentamente como empezó a elaborar su plan, y con la copa en alto la dirigió de nuevo a las cenizas de Antonio .
_ Se va ha enterar la puta esa –le gritó
Y se puso en marcha
No fue difícil encontrar las llaves del pisito “secreto” de su marido, regresó a la cocina, el móvil de Antonio parpadeaba encima de la mesa, lo abrió y en unos segundos escribió un mensaje...
“Amor, llevé a mi mujer a Alicante, estoy de camino a casa, mañana te veo en nuestro nidito. Cocino yo, hay sorpresa, así que no vengas antes de las nueve ¡Te comeré!”
Loreto se puso las botas de goma cogió una cesta de mimbre y salió de la casa
Al día siguiente, pasadas las nueve de la noche "la otra” entraba en el apartamento.
_ Antonio, amorcito, ya estoy aquí.
Nadie contestó, la luz de la cocina se colaba por debajo de la puerta cerrada y la radio estaba terminando de dar las noticias. Ella se fue quitando ropa mientras se dirigía hacia la puerta
_ ¿Antonio?
En la cocina todo estaba preparado para una cena intima, en la mesa un par de velas rojas, platos y cubiertos para dos y en el centro una colorida ensalada de salmón con arándanos y setas. Del horno salía un apetitoso olor a asado...
Ella siguió quitándose ropa hasta quedarse con un minúsculo tanga y un escaso sujetador a juego, entonces su móvil le avisó que tenía un mensaje...
“Cariño, estoy comprando el cava, no picotees mi ensalada, vale, puedes probarla. Solo un poquito”
Unos días mas tarde Loreto estaba leyendo el periódico. Buscó ansiosa en la sección de sucesos “Niño chino operado de urgencias por intoxicación al comer setas, se le hizo un trasplante de higado.”
“Mujer muerta por ingerir setas venenosas. Una vecina llamó al 112 cuando encontró a la mujer medio desnuda en el descansillo de la escalera en muy mal estado.
“Las autoridades advierten de nuevo del peligro de comer setas que no hayan sido identificadas previamente por expertos”
Loreto dobló el periódico, se levantó, cogió el móvil de Antonio de la repisa, cogió las cenizas y sin más, puso a ambos en el cubo de la basura.

3 comentarios:

  1. Ahí va otro asesinato.¿Que pasa con los vuestros?
    ¡ESCRIBIR!

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  2. Estás desatada Marisita. Este relato me ha encantado, pero... no sé si volveré a comer setas.
    Estoy madurando mi relato policíaco y es que quiero que la asesina sea muy, pero que muy mala. Me está costando (las mujeres somos tan buenas...)

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  3. El relato es inquietante y tiene una resolución impecable.Gracias.

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